Hasta julio de 2019, la entrega de bolsas plásticas para empacar los víveres o para guardar las compras en los almacenes era automático. Con logotipo del establecimiento comercial o sin él, por cada compra se entregaba una. Siete años después de la entrada en vigencia que las prohibió, la escena ha cambiado: la mayoría de los clientes lleva bolsas reutilizables o adquiere alternativas permitidas por la ley.
Sin embargo, todo no es buenas noticias. Dentro de muchos comercios sigue siendo común ver otros plásticos de un solo uso que también terminan en ríos y mares, como las bolsas para empacar las frutas, verduras, quesos y embutidos, así como vasos y envases para comida hechos con foam o espuma, un material ligero compuesto por polietileno o poliuretano.
El impacto ambiental de estos materiales continúa siendo motivo de preocupación, ya que pueden permanecer durante décadas en el ambiente.
La entrada en vigencia de la Ley 1 del 19 de enero de 2018 significó un cambio en la forma en que los comercios entregaban las bolsas a sus clientes. La norma prohíbe que supermercados y demás establecimientos comerciales proporcionen bolsas para el transporte de mercancías que contengan polietileno, al tiempo que promueve el uso de bolsas reutilizables y otras alternativas permitidas.
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Aunque la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) no cuenta con estudios que midan cuánto ha disminuido el uso de bolsas plásticas en el país, asegura que las fiscalizaciones realizadas desde la implementación de la ley evidencian un cambio en las prácticas comerciales. Según declaraciones de la entidad a La Prensa, las bolsas plásticas de un solo uso utilizadas para transportar las compras han sido sustituidas por otras opciones permitidas por la legislación.
Por su parte, el Ministerio de Ambiente (Miambiente) ha señalado en distintas ocasiones que, si bien aún no existe un estudio nacional que cuantifique cuánto se ha reducido el uso de bolsas plásticas o cuál ha sido su impacto ambiental, sí se ha observado una menor presencia de estos residuos durante las jornadas de limpieza de playas y ríos.
Además, la entidad ha destacado que, tras la entrada en vigor de la ley, las importaciones de bolsas de polietileno registraron una disminución, lo que considera un indicador del cambio en los patrones de consumo.
Las bolsas del carrito de compra
Ahora bien, la contaminación por plásticos de un solo uso no se limita a las bolsas utilizadas para transportar las compras. Dentro del carrito del supermercado, el problema continúa.
De acuerdo con Marea Verde, aunque las bolsas para frutas y verduras son pequeñas, su volumen de uso es elevado porque se consumen a diario y varias veces durante una sola visita al supermercado. “A diferencia de otros plásticos, este tipo de film plástico no es reciclable. Esto significa que su destino final es casi siempre el vertedero o el ambiente cuando no se dispone correctamente, que es justamente lo que vemos llegar a nuestras barreras”, señaló la organización.

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Para Marea Verde, la mejor forma de solucionar el problema que representan estas bolsas es reducir y sustituir su uso. Entre las alternativas menciona las bolsas de malla reutilizables, las bolsas de papel kraft o, simplemente, no embolsar productos que ya cuentan con una cáscara protectora. A su juicio, estas opciones no comprometen la higiene y eliminan el problema en lugar de intentar gestionarlo una vez convertido en residuo.
El foam que no debemos usar
Si bien las bolsas plásticas fueron el primer objetivo de la legislación, el foam o espuma continúa siendo uno de los plásticos de un solo uso más presentes en la vida cotidiana. Vasos para café, platos desechables y envases para comida para llevar siguen utilizándose ampliamente en restaurantes, fondas y comercios del país.
De acuerdo con Marea Verde, estos productos representan un importante desafío ambiental porque no son reciclables y, al desecharse, se fragmentan con facilidad en pequeñas piezas que resultan difíciles de recuperar. La organización señala que este tipo de residuos llega con frecuencia a las barreras de retención de basura instaladas en los ríos urbanos, desde donde pueden terminar en la bahía y el mar.

Sin embargo, la preocupación no se limita a la contaminación. Marea Verde advierte que el foam está elaborado a partir de poliestireno y que, cuando entra en contacto con alimentos o bebidas calientes, existe evidencia científica de que puede liberar sustancias químicas.
Por ello, considera que el debate sobre este material no debe centrarse únicamente en el impacto que genera una vez se convierte en residuo, sino también en sus posibles implicaciones para la salud.
Frente a este panorama, la organización sostiene que existen alternativas disponibles en el mercado, como envases de cartón, recipientes elaborados con bagazo de caña y otros materiales de origen vegetal, además del uso de termos y envases reutilizables por parte de los consumidores.
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No obstante, insiste en que la solución más efectiva sigue siendo reducir el consumo de productos desechables siempre que sea posible.
Para la organización, el mayor desafío no consiste únicamente en reemplazar un material por otro, sino en reducir el consumo de productos desechables. Antes de elegir un envase distinto, sostienen, la pregunta debería ser si realmente ese envase es necesario.

