De Panamá para el mundo De Panamá para el mundo

20 ago El Ferrocarril Transístmico, locomotora del turismo

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El vagón panorámico. El vagón panorámico.
El vagón panorámico.

Cuando se empieza a dispersar la bruma mañanera, un viejo conocido inicia su paseo cotidiano. Con los años parece haberse rejuvenecido: su andar es rápido y seguro, su perfil discreto, su apariencia elegante. La sofisticación le ha hecho bien.

Nuestro caballero de fina estampa colgó para siempre su sombrero de copa en su vieja casona de la Cinco de Mayo. Ya no se le ve transitando bajo el desaparecido puente de Calidonia. Tampoco se le encuentra en su posterior solar en Ancón. La moderna ciudad de Panamá ha empujado su nueva morada hacia el norte, a Corozal, cerca del gran puerto del Pacífico. 

El tren es parte inseparable de nuestra historia como nación, y un tesoro de incalculable valor turístico. 

Por 300 años, el cruce transístmico se hacía a pie o sobre mulas en los caminos construidos por España a través de los ríos, montes y cañadas de nuestra compleja topografía. El hombre obedecía a la todopoderosa naturaleza sin cuestionarla ---hasta que el progreso llegó con el brioso caballo de hierro, suelto a sus anchas en el trópico. España exhaló, pero otra potencia estaba en enérgica expansión.

En 1848 se fundó en Nueva York la Pacific Mail Steamship Company para el transporte de correos desde Panamá a la Costa Oeste de ese país. Su presidente, William Aspinwall, intuyó que el éxito de su naviera estaría en facilitar el cruce del istmo con un ferrocarril. Para su construcción, el gobierno colombiano le otorgó una concesión de 49 años.

El tren a su llegada a Colón. Expandir Imagen
El tren a su llegada a Colón.

La Panama Railroad construyó el punto terminal atlántico en una isla malsana rodeada de pantanos: Manzanillo. La empresa rellenó y saneó el asentamiento. La naciente ciudad fue bautizada con el nombre de su presidente, Aspinwall. El nombre se mantuvo por 38 años contra las débiles protestas del lejano, ausente e inefectivo Estado colombiano, tan ocupado en sus interminables conflictos. Aspinwall resuena en la memoria colectiva de los panameños aún hoy, como una distante pero folclórica imposición en tiempos de la patria boba. Desde 1890 el mundo finalmente la reconoce por su nombre actual: Colón

Mapa de la ruta del tren antes de la construcción del canal. Expandir Imagen
Mapa de la ruta del tren antes de la construcción del canal.

La fiebre del oro en California aseguró el éxito sin precedentes de la empresa. Por el tren estadounidense en Panamá transitaron cientos de miles de ciudadanos del sur y el este de ese país a poblar el Golden State. La marejada humana y comercial iba en ambas direcciones: entre 1855 y 1867 más de $700 millones en oro fueron transportados hacia la costa este de Estados Unidos.

El ferrocarril en manos norteamericanas fue instrumental en la separación de Panamá de Colombia y la construcción del canal. La historia es prolija y controversial. El tren siempre fue protagonista.   

La Panama Canal Railway Company hoy es una empresa privada cuya operación principal es el transporte de contenedores entre los puertos de Balboa y Colón. Pero para fortuna de nuestra nación, mantiene un tren exclusivamente para hasta 300 pasajeros, que viajan cómodamente en vagones ataviados a la usanza de la época dorada de los grandes ferrocarriles del mundo. El tren incluye un vagón con ventanas panorámicas y techos de cristal que data de 1928 ---renovado a un costo de $1 millón---, y que brinda al turista la experiencia sensorial única de casi flotar sobre las aguas del Lago Gatún y rozar las copas de los gigantescos árboles al mismo tiempo. 

Horario de trenes en 1855. Expandir Imagen
Horario de trenes en 1855.

Cuando fue inaugurado en 1855, el tren anunciaba doce partidas diarias desde Panamá a Aspinwall. Los nombres de las estaciones son un repaso de la geografía panameña sumergida después bajo el canal: Barbacoas, Matachín, Gatún, Bohío. Hoy el tren de pasajeros tiene una solitaria frecuencia en cada dirección de lunes a viernes y sin paradas intermedias. Además, durante la temporada de cruceros el tren de pasajeros lleva turistas desde Colón a conocer la capital, regresando a tiempo para la salida de su crucero caribeño. 

Mapa de la ruta actual del tren interoceánico. Expandir Imagen
Mapa de la ruta actual del tren interoceánico.

Explica su gerente general, el panameño Tom Kenna: “el número de turistas que se puede transportar no está determinado por la capacidad del tren, sino por la coordinación del horario de uso de los rieles con los trenes de carga. Podemos operar hasta seis o siete trenes de pasajeros diarios en ambas direcciones. Y si hubiese la demanda, también tendríamos trenes los fines de semana”.

La estación de Corozal es amplia y de poca aglomeración. Los pasajeros son prontamente invitados a sentarse en el vagón que les corresponde. El tren parte puntualmente a las 7:15 de la mañana.

Pronto el panorama pasa de ser selvático, a acuático. Los barcos transitan a la par del tren surcando las aguas dulces de este mar interior panameño. Los nuevos durmientes y rieles instalados hace pocos años garantizan un viaje suave, placentero y veloz. Un guía adiestrado brinda explicaciones a los viajeros sobre lo que revela el maravilloso paisaje, tan alejado de los rascacielos citadinos. Los turistas y estudiantes que nos acompañan abandonan temporalmente el confort del vagón para tomar fotografías y videos cara al viento, emocionados por lo que viven. ¡Qué maravilla!

Barcos navegando el Gatún, vistos desde el tren. Expandir Imagen
Barcos navegando el Gatún, vistos desde el tren.

 

Una hora después, llegamos a Colón. Es el fin de una travesía fantástica que todos quisiéramos extender.

Otros países también tienen trenes icónicos con historias trascendentes. No se puede entender la sublime experiencia de Machu Picchu sin el histórico tren recorriendo el Valle Sagrado de los incas; el ferrocarril Transiberiano es leyenda; el Blue Train es parte integral del turismo surafricano, y el Rocky Mountaineer abrió el turismo desde Banff hasta Vancouver.

¿Qué tienen esas rutas férreas que la nuestra no? Sencillo: sus países las promocionan. Lo que no se anuncia, no se vende.

El ferrocarril y el canal son patrimonio de la humanidad: españoles, franceses, chinos, barbadienses, jamaicanos, griegos, panameños  ---todos nos vemos reflejados al contemplarlos.

Vagón de pasajeros decorado al estilo clásico. Expandir Imagen
Vagón de pasajeros decorado al estilo clásico.

Para los turistas norteamericanos ---que son la nacionalidad más numerosa entre quienes nos honran con su visita--- la experiencia es también la oportunidad de conocer su propia historia y las vicisitudes de sus ancestros en esta tierra, exótica para ellos. Es imposible contemplar la naturaleza domesticada sin remontarse a lo que aquella ruta fue antes de su intempestivo arribo.

Cuando pronto nos pongamos las pilas y promovamos en el mundo tan excepcional recorrido, nuestros trenes se llenarán, las frecuencias se multiplicarán, y el mundo nos descubrirá ---¡otra vez!. Desde la vieja parada en Gamboa los visitantes se abrirán en abanico para visitar las ruinas de Venta de Cruces, las comunidades emberá del Chagres, los senderos de exploración de aves y monos y hasta un futuro jardín botánico de clase mundial en Summit. Esto es, el Panamá auténtico.

Lo tenemos todo ---excepto los turistas que hemos imperdonablemente dejado de invitar---. Eso tiene remedio. Manos a la obra.  

rejimeneze@hotmail.com

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Sobre el autor

  • Raúl Ernesto Jiménez E. Raúl Ernesto Jiménez E.

    Ciudadano Panameño, aficionado a la historia y la cultura. Es ingeniero industrial con maestría en administración de empresas. Miembro de Juntas Directivas de hoteles en Panamá. Desde enero de 2018 es secretario de Asociación Panameña de Hoteles (Apatel).

Sobre el blog

  • ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'? ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'?

    Hace unos meses, un buen amigo colaborador de una multinacional y panameño como yo, me confió: “En Panamá no hay nada que hacer. Una familia quería venir a visitarnos por cinco días, pero yo le dije que mejor agendara solo dos”.Su opinión me conmovió. Contrastaba totalmente con la mía. He sido afortunado en conocer rincones espectaculares en todo nuestro país, acompañados de historias que maravillan. Además, el destino me ha permitido conocer culturas en cuatro continentes. Ello,  espero, me ayuda a posicionar nuestras atracciones en su justa perspectiva, alejadas del chauvinismo simplón y más cerca del gusto del variopinto público internacional.Pero algo de razón tenía mi amigo: Panamá está llena de tesoros, pero en la mayoría de los casos ni nosotros los conocemos. Como diamantes en bruto, necesitan pulirse, atenderse con interés, rescatarse y ponerse en valor. Necesitamos presentarnos ante el mundo y contar nuestra historia. Y también, cómo no, aprender qué es lo que busca ese turismo de hoy, que en la mayoría de los casos no es lo que imaginamos.  Esta serie tiene el objetivo de resaltar nuestros atractivos para el nuevo turismo internacional, sencillo pero exigente, masivo pero crecientemente culto, alejado de los rascacielos y cercano a la esencia humana. Me anima el contribuir a la recuperación del turismo hacia nuestro país con un enfoque constructivo y actualizado. Es un grano de arena que se une, ojalá, a los de 4 millones de compatriotas.