



El mayor carnaval del mundo arrancó el viernes en Río de Janeiro, por primera vez en la historia, sin su alcalde y en medio de una economía que se derrumba con arcas públicas vacías.






Aun en el nordeste brasileño, que sufre terribles sequías, pocos recuerdan un capítulo oscuro de la historia, cuando el gobierno levantó "campos de concentración" para que campesinos famélicos no migraran hacia la capital.