Hace 15 añosLa educación –problema del que se derivan casi todas nuestras falencias– da un paso hacia adelante y dos hacia atrás. Sencillamente no se concilia el hecho de que una ministra quiera adelantar procesos de transformación educativa, necesarios para insertar a los jóvenes en el mercado laboral, y que los docentes cuestionen cada acción de esta y de las administraciones pasadas. Es absurdo oponerse solo por oponerse.
Hace 15 añosUna vez más los hechos dejan sin refugio a la demagogia gubernamental. La cinta costera 3 tiene ya nombre, apellido y destino: un ambicioso proyecto inmobiliario en Amador. La pregonada “cinta chorrillera” ha terminado siendo otra manipulación de los pobres de esta ciudad, cuyo entorno y realidad es mejor evitarles a los futuros compradores del majestuoso desarrollo inmobiliario del causeway.
Hace 15 añosEl presidente Martinelli inició su primer día de gobierno con un gesto simbólico: mazo en mano, fue a demoler en Amador uno de los iconos de la corrupción y el aprovechamiento privado de los bienes públicos de los allegados al poder de presidentes anteriores. En menos de dos años, sus amigos piden ahora justo lo mismo. Así, los gobiernos pasan, pero los negociados son los mismos.
Hace 15 añosEl presidente Martinelli inició su primer día de gobierno con un gesto simbólico: mazo en mano, fue a demoler en Amador uno de los iconos de la corrupción y el aprovechamiento privado de los bienes públicos de los allegados al poder de presidentes anteriores. En menos de dos años, sus amigos piden ahora justo lo mismo. Así, los gobiernos pasan, pero los negociados son los mismos.
Hace 15 añosEl reciente pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Panameña, en cuanto a la preocupación de los obispos por la falta de independencia que observan en los poderes del Estado, no ha encontrado eco en los gremios panameños. Llama la atención la indiferencia, por no decir el silencio, con que actúan quienes al representar sectores importantes de la vida nacional, deben pronunciarse de manera puntual sobre los signos que con alarma oportuna interpreta la Iglesia en este momento del país.
Hace 15 añosEl reciente pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Panameña, en cuanto a la preocupación de los obispos por la falta de independencia que observan en los poderes del Estado, no ha encontrado eco en los gremios panameños. Llama la atención la indiferencia, por no decir el silencio, con que actúan quienes al representar sectores importantes de la vida nacional, deben pronunciarse de manera puntual sobre los signos que con alarma oportuna interpreta la Iglesia en este momento del país.
Hace 15 añosLa Conferencia Episcopal Panameña se ha pronunciado sobre el momento que vive el país. Llaman los obispos a garantizar la institucionalidad democrática y el estado de derecho, y enfatizan que ello exige “la real independencia de los distintos órganos del Estado”, al igual que “se necesita el ejercicio de la libertad de expresión y el libre acceso a la información, especialmente en lo que atañe a la cosa pública”. Resulta evidente que los prelados se hacen eco de la percepción generalizada de que el Ejecutivo consuma un avance incontenible para controlar las demás instancias del Estado, lo que terminaría por configurar un sistema contrario por naturaleza a la esencia y al sentido mismos de la democracia. Los pastores católicos expresan su perplejidad ante “el rumbo que toma la política partidista, más preocupada por adelantar la agenda electoral que por resolver los problemas del país”.
Hace 15 añosLa Conferencia Episcopal Panameña se ha pronunciado sobre el momento que vive el país. Llaman los obispos a garantizar la institucionalidad democrática y el estado de derecho, y enfatizan que ello exige “la real independencia de los distintos órganos del Estado”, al igual que “se necesita el ejercicio de la libertad de expresión y el libre acceso a la información, especialmente en lo que atañe a la cosa pública”. Resulta evidente que los prelados se hacen eco de la percepción generalizada de que el Ejecutivo consuma un avance incontenible para controlar las demás instancias del Estado, lo que terminaría por configurar un sistema contrario por naturaleza a la esencia y al sentido mismos de la democracia. Los pastores católicos expresan su perplejidad ante “el rumbo que toma la política partidista, más preocupada por adelantar la agenda electoral que por resolver los problemas del país”.
Hace 15 añosVarias administraciones se comprometieron a hacer enormes esfuerzos a fin de obtener el grado de inversión para el país que, finalmente, se concretó en el transcurso del actual período presidencial. Ello demandó sacrificios no solo para los gobiernos que se dieron a esta tarea, sino para todos los contribuyentes del país. Hoy, una de las calificadoras de riesgo –de las que concedieron grado de inversión a Panamá– advierte de un riesgo político generado por los ácidos roces que se han producido entre los partidos de la alianza. En otras palabras, son riesgos autogenerados, autoperpetrados por el gobierno. No se trata de broncas con la oposición, son las disputas en el seno de la alianza las que ponen en peligro la estabilidad política –y ahora hasta económica– del país. Los panameños vivimos en una zozobra diaria, irónicamente en un período de gran bonanza económica. Pero, increíblemente, las irracionales acciones del principal partido de la alianza, motivadas por la insaciable codicia de poder, ponen en riesgo lo que tanto ha costado. Y si por esa sed de poder están dispuestos a comprometer nuestra boyante economía, ¿de qué más serán capaces?
Hace 15 añosVarias administraciones se comprometieron a hacer enormes esfuerzos a fin de obtener el grado de inversión para el país que, finalmente, se concretó en el transcurso del actual período presidencial. Ello demandó sacrificios no solo para los gobiernos que se dieron a esta tarea, sino para todos los contribuyentes del país. Hoy, una de las calificadoras de riesgo –de las que concedieron grado de inversión a Panamá– advierte de un riesgo político generado por los ácidos roces que se han producido entre los partidos de la alianza. En otras palabras, son riesgos autogenerados, autoperpetrados por el gobierno. No se trata de broncas con la oposición, son las disputas en el seno de la alianza las que ponen en peligro la estabilidad política –y ahora hasta económica– del país. Los panameños vivimos en una zozobra diaria, irónicamente en un período de gran bonanza económica. Pero, increíblemente, las irracionales acciones del principal partido de la alianza, motivadas por la insaciable codicia de poder, ponen en riesgo lo que tanto ha costado. Y si por esa sed de poder están dispuestos a comprometer nuestra boyante economía, ¿de qué más serán capaces?