Hace 20 añosDesde hace un par de meses circula en el mundillo político un borrador de ley que contempla el establecimiento de una nueva sala en la Corte Suprema de Justicia. Una vez más, el gobernante de turno recurre a la famosa Sala Quinta y lo hace por las mismas razones que Ernesto Pérez Balladares en su momento la impuso: para alterar el balance de poder dentro del órgano que administra justicia.
Hace 20 añosDesde hace un par de meses circula en el mundillo político un borrador de ley que contempla el establecimiento de una nueva sala en la Corte Suprema de Justicia. Una vez más, el gobernante de turno recurre a la famosa Sala Quinta y lo hace por las mismas razones que Ernesto Pérez Balladares en su momento la impuso: para alterar el balance de poder dentro del órgano que administra justicia.
Hace 20 añosPanamá vive un momento de euforia constructora y desarrollista y eso alimenta positivamente las cifras de la macroeconomía. De momento, no se ha podido constatar que este boom se haya transferido a la gente más necesitada de nuestro país. Más bien, ha sido la oportunidad para que algunos hagan excelentes negocios y, eso sí, para dar una imagen dinámica y positiva del país en el exterior. Pero, como casi siempre, desde afuera nos aterrizan y ponen por escrito lo que también es una preocupación: ¡las construcciones y los casinos pueden ser la tapadera para el blanqueo de capitales! Son muchos los ejemplos que demuestran que esto puede ocurrir: los narcos colombianos revolucionaron el sector inmobiliario en Medellín y Cali en los años 80, y en España hay decenas de políticos y promotores encarcelados por combinar construcción, y corrupción. No es un tema baladí y hay que tener cautela para mantenernos alejados de este peligro. Las autoridades deben utilizar el poder regulatorio y vigilar lo que ocurre y quienes están detrás de las construcciones y las tragamonedas.
Hace 20 añosPanamá vive un momento de euforia constructora y desarrollista y eso alimenta positivamente las cifras de la macroeconomía. De momento, no se ha podido constatar que este boom se haya transferido a la gente más necesitada de nuestro país. Más bien, ha sido la oportunidad para que algunos hagan excelentes negocios y, eso sí, para dar una imagen dinámica y positiva del país en el exterior. Pero, como casi siempre, desde afuera nos aterrizan y ponen por escrito lo que también es una preocupación: ¡las construcciones y los casinos pueden ser la tapadera para el blanqueo de capitales! Son muchos los ejemplos que demuestran que esto puede ocurrir: los narcos colombianos revolucionaron el sector inmobiliario en Medellín y Cali en los años 80, y en España hay decenas de políticos y promotores encarcelados por combinar construcción, y corrupción. No es un tema baladí y hay que tener cautela para mantenernos alejados de este peligro. Las autoridades deben utilizar el poder regulatorio y vigilar lo que ocurre y quienes están detrás de las construcciones y las tragamonedas.
Hace 20 añosLa reciente decisión de un juzgado, de echar por tierra el proceso que se le seguía a un antiguo oficial de la dictadura, nos recuerda lo indefenso que está el Estado panameño. Difícil sería opinar sobre el fundamento jurídico de la jueza que en este caso exonera a Justine, pero sea este caso particular, o el resto de los cientos de procesos instaurados para perseguir los atracos a los fondos públicos, el final es siempre el mismo: la absoluta y completa impunidad. En un país donde ha sido obvio el enriquecimiento -en la mayoría de las veces vulgar y escandaloso- de tantos ex funcionarios que de la carencia han llegado a la ostentación gracias a su paso por la administración pública, en donde se trafican favores y se pagan complicidades, el denominador común ha sido que ni un solo delincuente de cuello blanco pena en el calabozo. Las cárceles siguen abarrotadas de los pobres y de los huérfanos del poder. Resulta ser que siempre surgirá un error procesal, o una inmunidad parlamentaria -local o importada-, o un sumario mal instruido o una prescripción bien alegada; toda justificación ha sido buena para que libres por las calles, se sigan burlando del pueblo panameño.
Hace 20 añosLa reciente decisión de un juzgado, de echar por tierra el proceso que se le seguía a un antiguo oficial de la dictadura, nos recuerda lo indefenso que está el Estado panameño. Difícil sería opinar sobre el fundamento jurídico de la jueza que en este caso exonera a Justine, pero sea este caso particular, o el resto de los cientos de procesos instaurados para perseguir los atracos a los fondos públicos, el final es siempre el mismo: la absoluta y completa impunidad. En un país donde ha sido obvio el enriquecimiento -en la mayoría de las veces vulgar y escandaloso- de tantos ex funcionarios que de la carencia han llegado a la ostentación gracias a su paso por la administración pública, en donde se trafican favores y se pagan complicidades, el denominador común ha sido que ni un solo delincuente de cuello blanco pena en el calabozo. Las cárceles siguen abarrotadas de los pobres y de los huérfanos del poder. Resulta ser que siempre surgirá un error procesal, o una inmunidad parlamentaria -local o importada-, o un sumario mal instruido o una prescripción bien alegada; toda justificación ha sido buena para que libres por las calles, se sigan burlando del pueblo panameño.
Hace 20 añosLa reciente decisión de un juzgado, de echar por tierra el proceso que se le seguía a un antiguo oficial de la dictadura, nos recuerda lo indefenso que está el Estado panameño. Difícil sería opinar sobre el fundamento jurídico de la jueza que en este caso exonera a Justine, pero sea este caso particular, o el resto de los cientos de procesos instaurados para perseguir los atracos a los fondos públicos, el final es siempre el mismo: la absoluta y completa impunidad. En un país donde ha sido obvio el enriquecimiento -en la mayoría de las veces vulgar y escandaloso- de tantos ex funcionarios que de la carencia han llegado a la ostentación gracias a su paso por la administración pública, en donde se trafican favores y se pagan complicidades, el denominador común ha sido que ni un solo delincuente de cuello blanco pena en el calabozo. Las cárceles siguen abarrotadas de los pobres y de los huérfanos del poder. Resulta ser que siempre surgirá un error procesal, o una inmunidad parlamentaria -local o importada-, o un sumario mal instruido o una prescripción bien alegada; toda justificación ha sido buena para que libres por las calles, se sigan burlando del pueblo panameño.
Hace 20 añosLa reciente decisión de un juzgado, de echar por tierra el proceso que se le seguía a un antiguo oficial de la dictadura, nos recuerda lo indefenso que está el Estado panameño. Difícil sería opinar sobre el fundamento jurídico de la jueza que en este caso exonera a Justine, pero sea este caso particular, o el resto de los cientos de procesos instaurados para perseguir los atracos a los fondos públicos, el final es siempre el mismo: la absoluta y completa impunidad. En un país donde ha sido obvio el enriquecimiento -en la mayoría de las veces vulgar y escandaloso- de tantos ex funcionarios que de la carencia han llegado a la ostentación gracias a su paso por la administración pública, en donde se trafican favores y se pagan complicidades, el denominador común ha sido que ni un solo delincuente de cuello blanco pena en el calabozo. Las cárceles siguen abarrotadas de los pobres y de los huérfanos del poder. Resulta ser que siempre surgirá un error procesal, o una inmunidad parlamentaria -local o importada-, o un sumario mal instruido o una prescripción bien alegada; toda justificación ha sido buena para que libres por las calles, se sigan burlando del pueblo panameño.
Hace 20 añosEl presidente de la República, Martín Torrijos, se fue ayer a Texas sin recibir en Palacio a Alexandra Cousteau, la defensora de los recursos marinos que lleva pidiendo audiencia oficial desde hace semanas. El gesto es significativo porque el mandatario ha recibido múltiples mensajes de organizaciones de peso científico y ambientalista pidiéndole que reconsidere la posición del Gobierno de autorizar la captura de delfines en aguas panameñas. Lo que está haciendo Torrijos, con la inestimable ayuda de la flamante Autoridad de los Recursos Acuáticos, el silencio de la Anam y la oposición del 82% de los panameños, golpea la política de desarrollo sostenible del país. Mientras, el que entendió el mensaje popular y aprovechó la oportunidad es el alcalde Juan Carlos Navarro, que llegó a insinuar que hay coimas enredadas en el asunto del delfinario de San Carlos y se comprometió a salir a defender los recursos acuáticos de Panamá. Hay algo extraño en todo esto y Torrijos debería, como mínimo, dar la cara.
Hace 20 añosEl presidente de la República, Martín Torrijos, se fue ayer a Texas sin recibir en Palacio a Alexandra Cousteau, la defensora de los recursos marinos que lleva pidiendo audiencia oficial desde hace semanas. El gesto es significativo porque el mandatario ha recibido múltiples mensajes de organizaciones de peso científico y ambientalista pidiéndole que reconsidere la posición del Gobierno de autorizar la captura de delfines en aguas panameñas. Lo que está haciendo Torrijos, con la inestimable ayuda de la flamante Autoridad de los Recursos Acuáticos, el silencio de la Anam y la oposición del 82% de los panameños, golpea la política de desarrollo sostenible del país. Mientras, el que entendió el mensaje popular y aprovechó la oportunidad es el alcalde Juan Carlos Navarro, que llegó a insinuar que hay coimas enredadas en el asunto del delfinario de San Carlos y se comprometió a salir a defender los recursos acuáticos de Panamá. Hay algo extraño en todo esto y Torrijos debería, como mínimo, dar la cara.