Hace 20 añosUna vez agotadas la Mano Dura y la Mano Amiga –ningún cuerpo aguanta más de dos manos-, llega el Programa de Seguridad Integral. Los panameños -expertos en planes fracasados, agotados por inversiones millonarias en saco roto y acosados por un clima de inseguridad- necesitamos que este nuevo plan, el segundo de la era Torrijos, sí funcione. El país no aguanta un crimen más ni quiere ver cómo el narcotráfico utiliza el territorio nacional como almacén. Ojalá que este plan se haya diseñado con cabeza y que, de una vez por todas, haya indicadores de resultados que permitan hacer rendición de cuentas para establecer si las autoridades están haciendo bien su trabajo o no. No podemos acumular planes sobre planes como si nada se hubiera hecho o como si los errores no sirvieran para rectificar. La seguridad, una de las tres promesas de campaña de Torrijos, tiene su plan integral dos años después de la toma de posesión. No sentiremos que ha sido tarde si las noticias empiezan a ser buenas.
Hace 20 añosSi las escaleras del Tribunal Electoral hablaran, nos llevaríamos más de una sorpresa. De momento, volverán a la calma, después de estas semanas de inscripciones de los grupos a favor y en contra de la ampliación del Canal, de roces verbales, de choques musicales y de fotos buscadas en verde o en rojo. La parte positiva es que se ha visto desfilar a muchos ciudadanos de diversa procedencia y con intereses contrapuestos pero respetables. El referendo, este referendo, es una oportunidad histórica para demostrar que los panameños podemos disentir y discutir de manera democrática y civilizada. El proyecto tiene la suficiente trascendencia para que ese debate sea desapasionado y racional y es ahí donde, según lo visto en el registro de los colectivos, debemos trabajar profundamente. Esta decisión no se trata sobre quién tiene la mejor canción, eslogan o bandera, sino de los argumentos y proyecciones que deben servir a los votantes para tomar una decisión. De momento, hay clima de participación ciudadana y eso aventura un buen clima democrático para el 22 de octubre.
Hace 20 añosSi las escaleras del Tribunal Electoral hablaran, nos llevaríamos más de una sorpresa. De momento, volverán a la calma, después de estas semanas de inscripciones de los grupos a favor y en contra de la ampliación del Canal, de roces verbales, de choques musicales y de fotos buscadas en verde o en rojo. La parte positiva es que se ha visto desfilar a muchos ciudadanos de diversa procedencia y con intereses contrapuestos pero respetables. El referendo, este referendo, es una oportunidad histórica para demostrar que los panameños podemos disentir y discutir de manera democrática y civilizada. El proyecto tiene la suficiente trascendencia para que ese debate sea desapasionado y racional y es ahí donde, según lo visto en el registro de los colectivos, debemos trabajar profundamente. Esta decisión no se trata sobre quién tiene la mejor canción, eslogan o bandera, sino de los argumentos y proyecciones que deben servir a los votantes para tomar una decisión. De momento, hay clima de participación ciudadana y eso aventura un buen clima democrático para el 22 de octubre.
Hace 20 añosEl secreto de la convivencia en una sociedad democrática se fundamenta, en buena medida, en conciliar los intereses privados con los públicos o generales. El uno no es excluyente del otro y ambos se necesitan para el éxito general. Por esa razón es tan importante poner coto a los empresarios y propietarios que abusan de la propiedad pública o dan mal uso a la propiedad privada. Este grupo no es mayoritario, pero hace un terrible daño a la sociedad y desvirtúa muchos de los esfuerzos que se hacen para incentivar las inversiones y el desarrollo. Hoy vemos cómo una alcaldía, la de Pedasí, se atreve a dar un paso decidido en la defensa del interés público y de la legislación vigente y ojalá cunda el ejemplo. También conocemos de la concentración de propiedades y la burla a las leyes de incentivos en el Casco Antiguo. Un ejemplo de especulación que no es único, pero sí significativo. Las autoridades tienen leyes y dientes para actuar. Si lo hacen, tendrán el apoyo de la opinión pública.
Hace 20 añosEl secreto de la convivencia en una sociedad democrática se fundamenta, en buena medida, en conciliar los intereses privados con los públicos o generales. El uno no es excluyente del otro y ambos se necesitan para el éxito general. Por esa razón es tan importante poner coto a los empresarios y propietarios que abusan de la propiedad pública o dan mal uso a la propiedad privada. Este grupo no es mayoritario, pero hace un terrible daño a la sociedad y desvirtúa muchos de los esfuerzos que se hacen para incentivar las inversiones y el desarrollo. Hoy vemos cómo una alcaldía, la de Pedasí, se atreve a dar un paso decidido en la defensa del interés público y de la legislación vigente y ojalá cunda el ejemplo. También conocemos de la concentración de propiedades y la burla a las leyes de incentivos en el Casco Antiguo. Un ejemplo de especulación que no es único, pero sí significativo. Las autoridades tienen leyes y dientes para actuar. Si lo hacen, tendrán el apoyo de la opinión pública.
Hace 20 añosEl acuerdo entre los líderes del FAM y el Ministerio de Educación es una buena noticia porque pondría fin a un mes largo de conflictos, de interrupción de las clases en el sistema público y de extremismos injustificados. Los dirigentes magisteriales han forzado la situación para terminar en el mismo punto por el que, supuestamente, comenzaron el paro. Ahora preguntamos, ¿quién asume la responsabilidad de lo ocurrido; quién le retorna a los estudiantes el tiempo real perdido y el irrecuperable retroceso académico; quién resarce a las familias por las incomodidades y el desasosiego vivido, y quién responde políticamente por la inestabilidad generada y las millonarias pérdidas provocadas a las arcas del Estado? Intuimos que nadie. Los dirigentes seguirán siéndolo y los docentes volverán a clases como si nada hubiese ocurrido. La única lección posible de este desastre es que el diálogo es el único camino hacia las soluciones y que la mesa es un mejor espacio de lucha que la calle. ¿Y la ciudadanía? Bueno... seguirá observando perpleja estos espectáculos perjudiciales y contradictorios. Ojalá fuese el último.
Hace 20 añosEl acuerdo entre los líderes del FAM y el Ministerio de Educación es una buena noticia porque pondría fin a un mes largo de conflictos, de interrupción de las clases en el sistema público y de extremismos injustificados. Los dirigentes magisteriales han forzado la situación para terminar en el mismo punto por el que, supuestamente, comenzaron el paro. Ahora preguntamos, ¿quién asume la responsabilidad de lo ocurrido; quién le retorna a los estudiantes el tiempo real perdido y el irrecuperable retroceso académico; quién resarce a las familias por las incomodidades y el desasosiego vivido, y quién responde políticamente por la inestabilidad generada y las millonarias pérdidas provocadas a las arcas del Estado? Intuimos que nadie. Los dirigentes seguirán siéndolo y los docentes volverán a clases como si nada hubiese ocurrido. La única lección posible de este desastre es que el diálogo es el único camino hacia las soluciones y que la mesa es un mejor espacio de lucha que la calle. ¿Y la ciudadanía? Bueno... seguirá observando perpleja estos espectáculos perjudiciales y contradictorios. Ojalá fuese el último.
Hace 20 añosLa infancia se parece cada día más a una especie amenazada: todo el mundo conoce su valor, es motivo de documentales y premios, pero languidece ante el atropello del más fuerte o del indiferente. No hace falta que nos lo recuerden desde el exterior, pero es lacerante cuando un gobierno extranjero en sus informes consigna que uno de cada 25 niños panameños trabaja y puede ser víctima de explotación sexual comercial o no comercial. Las amenazas vienen de múltiples flancos. Para el que trabaja, porque lo hace en condiciones inhumanas. Para el que estudia, porque en su mayoría se enfrenta a una educación pública tercermundista que no le ayuda a mejorar las condiciones en que nació y, por si fuera poco, intermitente por obra y gracia de un grupo de docentes. Y para las víctimas del tráfico y la prostitución infantil, porque las secuelas en la mente y en la piel son irrecuperables. Lo más grave es que esta situación no tiene que ver solo con políticas públicas erráticas ni con la pobreza que empuja a la desesperación, sino con una crisis de valores profunda y creciente. La primera alianza y el primer reto, en este caso, corresponde a la sociedad civil.
Hace 20 añosLa infancia se parece cada día más a una especie amenazada: todo el mundo conoce su valor, es motivo de documentales y premios, pero languidece ante el atropello del más fuerte o del indiferente. No hace falta que nos lo recuerden desde el exterior, pero es lacerante cuando un gobierno extranjero en sus informes consigna que uno de cada 25 niños panameños trabaja y puede ser víctima de explotación sexual comercial o no comercial. Las amenazas vienen de múltiples flancos. Para el que trabaja, porque lo hace en condiciones inhumanas. Para el que estudia, porque en su mayoría se enfrenta a una educación pública tercermundista que no le ayuda a mejorar las condiciones en que nació y, por si fuera poco, intermitente por obra y gracia de un grupo de docentes. Y para las víctimas del tráfico y la prostitución infantil, porque las secuelas en la mente y en la piel son irrecuperables. Lo más grave es que esta situación no tiene que ver solo con políticas públicas erráticas ni con la pobreza que empuja a la desesperación, sino con una crisis de valores profunda y creciente. La primera alianza y el primer reto, en este caso, corresponde a la sociedad civil.
Hace 20 añosLa competitividad no es una palabra que al ser pronunciada ejerce efectos mágicos. A veces parece que es un eslogan publicitario, otras veces se desgasta en boca de políticos y tecnócratas, pero la realidad es terca y exige cambios radicales si realmente queremos que Panamá sea un país competitivo. El último informe del Banco Mundial asegura que una empresa panameña debe hacer 59 pagos al fisco, un 200% más que en países desarrollados y un 50% más que en el promedio latinoamericano. También habla de la rigidez de nuestro sistema de contrataciones. Conocemos hoy, además, el balance del Pacto Global, donde nuestras compañías privadas pierden la lucha contra la corrupción. Los lastres a la competitividad surgen especialmente de un clima de negocios pesado donde nuestros gobiernos no han sido capaces de allanar el camino y permitir que la iniciativa privada empuje con más decisión el crecimiento económico y la generación de empleo. Este no es un tema que interese a unos pocos. Se trata de uno de los eslabones clave para el verdadero desarrollo y modernización del país. Alguien debe tomar nota.