Hace 21 añosUna marcha popular pacífica fue la muestra prodigada por un grupo de trabajadores en protesta por las reformas a la CSS en discusión en la Asamblea Nacional. El comportamiento demostró que las luchas populares no tienen que ser violentas ni que los panameños debemos temer a la expresión democrática del descontento popular. La autoridad policíaca cumplió su deber y solo respondió para reprimir la violencia cuando al fenecer el acto un reducido grupo inició el pillaje, destruyendo la propiedad pública y privada. El país sigue en huelga y el Gobierno tiene en sus manos la decisión final. O sigue sordo al clamor popular o nos sentamos a generar acuerdos. El país merece ánimo y disposición para consensuar la mejor solución en equilibrio justo para las peticiones razonables, pues todos los sectores –de un modo u otro– tienen su cuota importante de afectación.
Hace 21 añosAmanecemos con dosescenarios cobijados bajo nuestro sistema democrático: la huelga indefinida convocada por algunos sindicatos y gremios de trabajadores, y el peso en la Asamblea Nacional de la mayoría que controla el Ejecutivo. Pero la reforma a la Caja de Seguro Social es un asunto de Estado y aquí es donde se demuestra el verdadero carácter democrático, cuando hay que construir acuerdos. Por eso no es admisible la postura sindical de "o paran el proyecto o paramos el país". Aunque la huelga es un derecho fundamental, debe ser el último cartucho en la balinera. Así también, por razones de Estado, el presidente Torrijos tiene el deber de escuchar y recoger todas las propuestas razonables de oposición y sindicatos -aunque parece que la flexibilidad oficial ya no da más de sí-. Asuman esta crisis como lo que es: un asunto vital para los panameños, que no puede convertirse ni en rehén político del poder ni en bandera desestabilizadora de aspirantes a contrapoder.
Hace 21 añosAmanecemos con dosescenarios cobijados bajo nuestro sistema democrático: la huelga indefinida convocada por algunos sindicatos y gremios de trabajadores, y el peso en la Asamblea Nacional de la mayoría que controla el Ejecutivo. Pero la reforma a la Caja de Seguro Social es un asunto de Estado y aquí es donde se demuestra el verdadero carácter democrático, cuando hay que construir acuerdos. Por eso no es admisible la postura sindical de "o paran el proyecto o paramos el país". Aunque la huelga es un derecho fundamental, debe ser el último cartucho en la balinera. Así también, por razones de Estado, el presidente Torrijos tiene el deber de escuchar y recoger todas las propuestas razonables de oposición y sindicatos -aunque parece que la flexibilidad oficial ya no da más de sí-. Asuman esta crisis como lo que es: un asunto vital para los panameños, que no puede convertirse ni en rehén político del poder ni en bandera desestabilizadora de aspirantes a contrapoder.
Hace 21 añosHeterogéneos sectores se han sumado al rechazo de las reformas a la Caja de Seguro Social, aunque por las más diversas razones. Hemos escuchado todo tipo de argumentos, desde iniciativas serias que buscan realmente aportar al debate de fondo, hasta la más burda y barata demagogia. Pero frente al rechazo que parece total, ¿qué hacer? El problema, que fue irresponsablemente eludido por administraciones anteriores, que no logró consenso en mesas de diálogo ni en estudios o conferencias, ya no resiste postergaciones adicionales. La triste realidad es que ninguna de las posibles soluciones es gratuita, ni fácil. Ante la gravedad de la situación que atraviesa la seguridad social, el país necesita cordura. El pueblo merece ser tratado no con falsas custodias sino con verdaderas medidas de eficaz protección. Sin exageraciones ni actos desmedidos, ni de fuerza ni de abusos, ni saqueos ni pillaje. Prudencia, sensatez y ánimo de solucionar el problema, por y para el beneficio de todos.
Hace 21 añosHeterogéneos sectores se han sumado al rechazo de las reformas a la Caja de Seguro Social, aunque por las más diversas razones. Hemos escuchado todo tipo de argumentos, desde iniciativas serias que buscan realmente aportar al debate de fondo, hasta la más burda y barata demagogia. Pero frente al rechazo que parece total, ¿qué hacer? El problema, que fue irresponsablemente eludido por administraciones anteriores, que no logró consenso en mesas de diálogo ni en estudios o conferencias, ya no resiste postergaciones adicionales. La triste realidad es que ninguna de las posibles soluciones es gratuita, ni fácil. Ante la gravedad de la situación que atraviesa la seguridad social, el país necesita cordura. El pueblo merece ser tratado no con falsas custodias sino con verdaderas medidas de eficaz protección. Sin exageraciones ni actos desmedidos, ni de fuerza ni de abusos, ni saqueos ni pillaje. Prudencia, sensatez y ánimo de solucionar el problema, por y para el beneficio de todos.
Hace 21 añosLas piedras son al debate lo que los cócteles molotov son a la inteligencia. Panamá corre el riesgo de que la discusión de uno de los temas clave para el futuro no logre captar la atención de los ciudadanos, aterrorizados por el vandalismo que se ha tomado las calles en las últimas horas. Los medios de comunicación pueden caer fácilmente en la tentación de "lo espectacular". ¿Qué es más llamativo, qué logra más audiencia: un loco con máscara de payaso lanzando bombas incendiarias o un diputado hablando de variables paramétricas? Ojo con el engaño. El fuego siempre ha tenido la virtud de cegar al que lo mira de frente. El país no puede caer en la trampa de la estrategia sin propuestas de los radicales –dirigidos por los que están prestos a incendiar las ciudades desde sus cobardes sedes centrales, pero no a pisar las calles a donde lanzan a adolescentes descabezados que se ‘divierten’ a punta de piedra-. Que la inseguridad social no opaque el debate del Seguro Social.
Hace 21 añosLas piedras son al debate lo que los cócteles molotov son a la inteligencia. Panamá corre el riesgo de que la discusión de uno de los temas clave para el futuro no logre captar la atención de los ciudadanos, aterrorizados por el vandalismo que se ha tomado las calles en las últimas horas. Los medios de comunicación pueden caer fácilmente en la tentación de "lo espectacular". ¿Qué es más llamativo, qué logra más audiencia: un loco con máscara de payaso lanzando bombas incendiarias o un diputado hablando de variables paramétricas? Ojo con el engaño. El fuego siempre ha tenido la virtud de cegar al que lo mira de frente. El país no puede caer en la trampa de la estrategia sin propuestas de los radicales –dirigidos por los que están prestos a incendiar las ciudades desde sus cobardes sedes centrales, pero no a pisar las calles a donde lanzan a adolescentes descabezados que se ‘divierten’ a punta de piedra-. Que la inseguridad social no opaque el debate del Seguro Social.