Reed Brody fue uno de los protagonistas de Centroamérica Cuenta, el festival literario más importante de la región. En este foro —que concluyó este sábado 23 de mayo— el escritor estadounidense presentó su libro “Atrapar a un dictador”, en el que narra cómo, durante años, víctimas del régimen de Hisséne Habré (1982-1990), en Chad, África, denunciaron torturas, asesinatos y desapariciones; y cómo Habré, tras ser derrodo, se refugió en Senegal, para evitar ser juzgado.
Brody, quien además de escritor es abogado y exfiscal, ha escrito varios libros, en solitario o como coautor.
“Lo que une a los dictadores es borrar las reglas”. Con esa corta pero contundente frase, Brody resumió una conversación en la que se habló del autoritarismo, la situación de América Latina y los desafíos que enfrenta la justicia internacional.
El autor lleva sobre su espalda un título difícil de ignorar: “el caza dictadores”, un calificativo que nace como fruto de su trabajo. Lleva casi cuatro décadas investigando y persiguiendo judicialmente a líderes acusados de violaciones a los derechos humanos y crímenes contra la humanidad, al tiempo que acompaña a las víctimas de dichos hechos.
Brody es hijo de un sobreviviente judío húngaro que pasó tres años en un campo de trabajo forzoso nazi, y de una profesora artista comprometida con la justicia social, por lo que desde joven participó en movimientos sociales y defendió los derechos cívicos. Se define a si mismo como un militante para la justicia social.
Afirma que el verdadero cambio inició en 1984, cuando, debido a su trabajo, conoció a víctimas de ataques cometidos durante la contrarrevolución nicaragüense, financiada por Estados Unidos. Estas víctimas colaterales lo llevaron a renunciar a su trabajo en la fiscalía y volver al país centroamericano, donde pasó cinco meses recorriendo el territorio y entrevistando a testigos y víctimas de crímenes de guerra.
Fue con esa investigación que preparó un informe que apareció en la primera página de The New York Times, lo que derivó en audiencias en el Congreso estadounidense e insultos del entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan.
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Y fue precisamente hablando de Nicaragua que tocamos el tema de Latinoamérica, a la que Brody se refirió como un “cuadro con contrastes”, pues mientras por un lado percibe avances en la “integración, igualdad, diversidad e inclusión de las sociedades”, manifestó que, por el otro, existen “focos de preocupación” como Nicaragua, Cuba, Venezuela, Haití e incluso El Salvador.
La situación de Nicaragua es ciertamente crítica y el exfiscal no es ajeno a ello. Manifestó que es necesario contar con una comunidad internacional más activa e involucrada, ya que se ha llegado al punto en que el gobierno de Daniel Ortega puede castigar hasta por un “me gusta” en redes sociales. “No hay prensa libre, no hay organizaciones críticas y el espacio cívico se ha reducido a casi nada. No hay partidos políticos de oposición”, remarcó.
Democracia que se convierte en dictadura
Para el abogado de la Organización de las Naciones Unidas, llegar al poder de un país mediante elecciones democráticas no impide que un líder se convierta en dictador. “El hecho de ser elegido no quiere decir que una persona no devenga en dictador. Basta con cortar los otros poderes del Estado”, dijo. “Esto es un poco lo que está sucediendo en El Salvador”, añadió.
Brody manifestó que, si bien cada dictador y cada situación son distintas, “lo que une a los dictadores es borrar las reglas, pasar por encima de la Constitución y de la separación de poderes y, sobre todo, asimilar su proyecto personal con el bienestar del pueblo”.
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A pesar de que se suele asociar a los dictadores con países del tercer mundo, el exfiscal afirma que en este momento hay un país de primer mundo cuyo presidente podría estar aspirando a convertirse en dictador: Estados Unidos.
“Está, cada vez más, tomando acciones sin precedentes, está desafiando a los tribunales, está arrogándose poderes que no pertenecen al presidente del país, está tratando a la prensa como enemigo y está actuando en muchas situaciones en las que no tiene derecho de hacerlo”, aseguró.
Brody manifestó que lo que separa hoy en día a Estados Unidos de una dictadura es la resistencia de alcaldes, gobernadores, sociedad civil y organizaciones activas, y fue claro al decir que “en este momento estamos en una batalla de vida o muerte para salvar la democracia de Estados Unidos. Y yo creo que estamos ganando”.
Venezuela y Cuba
Afirmó además que no cree que la solución deba pasar siempre por intervenciones militares o externas. A su juicio, los cambios políticos sostenibles solo pueden construirse tomando en cuenta a la población de esos países y respetando su capacidad de decidir su futuro.
“Yo no creo que tengamos que resignarnos a una intervención militar, una intervención exterior”, apuntó durante la entrevista.
También cuestionó la narrativa que señala que, debido a los cambios políticos, los ciudadanos ya recuperaron el poder sobre su sistema político. “Los venezolanos no tienen mucha más democracia hoy que ayer. No tienen mucho más poder de gobernar su sociedad que ayer”, adujo.
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¿Cuál es el poder de la justicia internacional?
Brody defendió además la importancia de la justicia internacional, aunque reconoció sus limitaciones. Explicó que organismos como la Corte Penal Internacional pueden emitir órdenes contra líderes acusados de crímenes de guerra, pero no cuentan con mecanismos para ejecutar capturas.
Como ejemplo, mencionó los casos de Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu, quienes han sido señalados por la Corte Penal Internacional. “La justicia internacional no tiene fuerza policial”, afirmó.
Pese a ello, insistió en que la presión internacional y la movilización ciudadana continúan siendo fundamentales. “La impunidad es considerada ilícita”, concluyó. “Ahora el desafío es convertir las normas y los instrumentos internacionales en acciones reales”.

