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03 sep Portobelo: desafíos y propuestas

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Ruinas del Fuerte de Santiago de la Gloria. Ruinas del Fuerte de Santiago de la Gloria.
Ruinas del Fuerte de Santiago de la Gloria.

Cuando los panameños pensamos en nuestra rica historia y nuestros preciados destinos turísticos, Portobelo dice “presente”. Recordamos que Colón se adentró en su bella bahía, y que el inglés Francis Drake, pirata para algunos y jollly good fellow para otros, duerme el sueño de los justos en sus profundidades. Sus compatriotas Parker, Morgan y Vernon también plantaron pie en Portobelo, y no precisamente para degustar galletitas a la hora del té.

Los continuos ataques finalmente causaron que la Corona española descartase la ruta Panamá-Portobelo para el transporte de las riquezas del Perú a la metrópoli. La ruta del Cabo de Hornos en el extremo sur de América fue oficialmente abierta en 1740. Con el abandono de Portobelo vino también la decadencia de Panamá, que duraría hasta la construcción del ferrocarril en 1855. Pero su punto terminal caribeño ya no sería Portobelo, sino Colón.

Lápidas centenarias incrustadas en las paredes de la Iglesia. Expandir Imagen
Lápidas centenarias incrustadas en las paredes de la Iglesia.

Portobelo continuaría su camino a la irrelevancia incluso durante la construcción del canal. El Castillo de San Felipe Todo Fierro, en la punta que resguardaba a la bahía, fue desmantelado en su totalidad para usar sus piedras en el rompeolas de Colón, en un innecesario acto de barbarie cometido en nombre del progreso. El icónico fuerte que albergaba los recios cañones que le dieron su pintoresco mote ya ni siquiera aparece en los mapas.

Es difícil encontrar en la historia de América una población que, habiendo sido fundada para cumplir tan grandes designios imperiales, y fortificada magníficamente para tal efecto, haya quedado relegada a nivel de villa de pescadores. En contraste, Cartagena, San Juan, La Habana, Santo Domingo, Veracruz y Ciudad de Panamá, antes bastiones españoles a la par de Portobelo, se convirtieron en resplandecientes urbes.

Irónicamente, al haber estado alejada del mundo moderno por dos siglos, Portobelo ofrece a Panamá una oportunidad única: restaurar la ciudadela entera a su época de gloria, para beneficio del mundo.   

"The Taking of Portobello", del pintor inglés Peter Monamy, mostrando el Fuerte "Todo Hierro", hoy desaparecido.  Colección del Centro de Arte Británico de la Universidad de Yale. Expandir Imagen
"The Taking of Portobello", del pintor inglés Peter Monamy, mostrando el Fuerte "Todo Hierro", hoy desaparecido. Colección del Centro de Arte Británico de la Universidad de Yale.

¿Por dónde empezar? Un Plan Maestro para Portobelo debería incluir no solo la preservación de los monumentos, sino también la incorporación de los pobladores en su nueva vida. Debe crear zonas de amortiguamiento entre las construcciones históricas y las recientes, atendiendo las necesidades de vivienda de la población a distancia prudente. Al contrario del conjunto monumental de Panamá La Vieja, Portobelo es un asentamiento vivo con tres mil habitantes. Ellos deben percibir el beneficio económico derivado de su rescate y, sobre todo, de su mantenimiento.

Un centro de visitantes con facilidades audiovisuales para conocer la historia del sitio es imperativo. Las viejas calles serían empedradas y señalizadas con sus nombres históricos. Se podrá contar con suficientes estacionamientos en sitio alejado pero accesible, para acomodar un flujo importante de vehículos que trasladarán a estudiantes y turistas, panameños y extranjeros. Un nuevo muelle será la entrada para los miles de veleristas que surcan las aguas del Caribe Sur. Proponemos considerar una gran plaza construida al estilo colonial en un sitio no obstructivo en la cual los portobeleños podrán establecer pequeños comercios, acaso evocando las famosas ferias de antaño.

La Aduana, cerrada al público. Expandir Imagen
La Aduana, cerrada al público.

Una visita a Portobelo hoy revela la enormidad del reto. Las ruinas están en lenta agonía entre la vegetación, los desechos humanos y el abandono de las autoridades. No hay señalización ni guías para el visitante. El edificio de la Aduana está cerrado al público por disputas relacionadas con un intento de reconstrucción. La incursión de vehículos en las estrechas callejuelas diseñadas para peatones y caballos presenta una amenaza letal. La Iglesia del Cristo Negro presenta deterioro en todos sus aspectos.

Hablemos del elefante en la habitación: transitar desde Sabanitas a Portobelo es un deprimente viaje a través de un muladar. La acumulación de basura es tal, que corre el peligro de convertir la visita en una experiencia muy negativa para la imagen del país. Seamos claros: no es posible elevar a destino de clase mundial ya no a Portobelo, sino a toda la provincia de Colón y al país, mientras la inmundicia persista.    

Mapa de la ruta de Sabanitas a Portobelo. Expandir Imagen
Mapa de la ruta de Sabanitas a Portobelo.

La oportunidad que se nos presenta a los panameños se denomina “la creación de la oferta”. El tema adquiere vigencia a medida que el país absorbe el golpe de las enormes pérdidas producidas por la caída real de visitantes desde 2015. El debate gira alrededor de a quién corresponde crearla, no sobre su necesidad. Rescatar nuestros sitios históricos es esencial para la construcción de Panamá como destino de aventuras y recreación.

La Dirección de Patrimonio Histórico es una dependencia del Instituto Nacional de Cultura, que a su vez depende del Ministerio de Educación.  Patrimonio Histórico sobrevive a duras penas con un presupuesto raquítico ----hoja de parra para esconder las vergüenzas de un Estado, o de una sucesión de gobiernos, para los que la cultura y nuestro legado histórico nunca han sido prioritarios.  El resultado de esta estructura inoperante está a la vista no solo en Portobelo, sino en todos los sitios históricos de Panamá, desde el Parque Arqueológico El Caño hasta Darién. Nuestro legado desaparece ante la mirada impotente de quienes están llamados a realzarlo.

La afortunada excepción es Panamá La Vieja, que se rige por un patronato que recibe donaciones privadas, aportes del Estado e ingresos por la venta de entradas y eventos. El resultado también está a la vista: la salvación de nuestro patrimonio y el tercer atractivo turístico más importante del país. Es el brillante modelo para el Patronato de Portobelo y San Lorenzo, de más reciente creación.

La Ley 9 del 14 de marzo de 2017 creó el Fondo de Promoción Internacional. Bajo ella, la estrategia de mercadeo y la publicidad internacional del país deja de ser una función de la Autoridad de Turismo de Panamá. Este cambio es una oportunidad.

A grandes males, grandes soluciones. Partimos de la premisa de que mantener el status quo , es decir, no hacer nada, solo garantiza el continuo abandono de nuestro patrimonio y la permanencia de la ATP solo para derrochar dinero en tantas fiestas de pueblo como sea posible. Pero el tema es tan vital para el país, que requiere que sacudamos el árbol. Tenemos que ser audaces y despojarnos del “pero siempre se ha hecho así” que lleva a la inacción.

Las ruinas históricas se mantienen (por ahora) a la par de las construcciones contemporáneas. Expandir Imagen
Las ruinas históricas se mantienen (por ahora) a la par de las construcciones contemporáneas.

Proponemos la redefinición de la misión de la Autoridad de Turismo para incluir la creación de la oferta. Entre otras cosas, esto implica la rehabilitación y apertura de nuestros sitios históricos al turismo. Para ello, la Dirección de Patrimonio Histórico sería rescatada del sótano del Ministerio de Educación ---cuya atención debe estar en la elevación del nivel paupérrimo de la educación pública---   para convertirse en dependencia de la Autoridad de Turismo.

¿Herejía? Para nada. La justificación viene dada por la absoluta necesidad de contar con fondos provenientes del turismo sostenible para reinvertirlos en la recuperación y mantenimiento de lo nuestro.  Chichén Itzá, Machu Picchu, la Alhambra y otros tesoros de la humanidad florecen en gran parte por lo aportado por sus visitantes.

Una reconstituida Autoridad de Turismo contará con el apoyo de gremios que podrán recomendar, priorizar y coordinar acciones con ella para el logro del objetivo común: la apertura y puesta en valor de nuestros atractivos únicos para fomentar el crecimiento del turismo, con el consiguiente beneficio económico para todos los panameños. Los mayoristas, operadores de turismo, transportistas y guías profesionales panameños saltarán ante la oportunidad de participar en una gran estrategia nacional de creación del “producto”.

Después de quince entregas, la serie “De Panamá para el Mundo” llega hoy a su fin con esta propuesta. El autor espera haber demostrado la íntima relación entre patrimonio cultural, naturaleza y turismo moderno. Esa es la vía del futuro para nuestro Panamá. Ojalá contribuya a incentivar el debate y agitar la imaginación de quienes están en posición de hacer los cambios que el país tanto necesita.

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Sobre el autor

  • Raúl Ernesto Jiménez E. Raúl Ernesto Jiménez E.

    Ciudadano Panameño, aficionado a la historia y la cultura. Es ingeniero industrial con maestría en administración de empresas. Miembro de Juntas Directivas de hoteles en Panamá. Desde enero de 2018 es secretario de Asociación Panameña de Hoteles (Apatel).

Sobre el blog

  • ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'? ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'?

    Hace unos meses, un buen amigo colaborador de una multinacional y panameño como yo, me confió: “En Panamá no hay nada que hacer. Una familia quería venir a visitarnos por cinco días, pero yo le dije que mejor agendara solo dos”.Su opinión me conmovió. Contrastaba totalmente con la mía. He sido afortunado en conocer rincones espectaculares en todo nuestro país, acompañados de historias que maravillan. Además, el destino me ha permitido conocer culturas en cuatro continentes. Ello,  espero, me ayuda a posicionar nuestras atracciones en su justa perspectiva, alejadas del chauvinismo simplón y más cerca del gusto del variopinto público internacional.Pero algo de razón tenía mi amigo: Panamá está llena de tesoros, pero en la mayoría de los casos ni nosotros los conocemos. Como diamantes en bruto, necesitan pulirse, atenderse con interés, rescatarse y ponerse en valor. Necesitamos presentarnos ante el mundo y contar nuestra historia. Y también, cómo no, aprender qué es lo que busca ese turismo de hoy, que en la mayoría de los casos no es lo que imaginamos.  Esta serie tiene el objetivo de resaltar nuestros atractivos para el nuevo turismo internacional, sencillo pero exigente, masivo pero crecientemente culto, alejado de los rascacielos y cercano a la esencia humana. Me anima el contribuir a la recuperación del turismo hacia nuestro país con un enfoque constructivo y actualizado. Es un grano de arena que se une, ojalá, a los de 4 millones de compatriotas.