Valter Lavitola aprovechó su audiencia en el tribunal de Bari (sur de Italia) -donde está acusado de corromper al empresario Gianpaolo Tarantini a cambio de su silencio sobre las fiestas bunga-bunga de Silvio Berlusconi- para recrearse ante las cámaras de televisión con unas polémicas declaraciones.
“Espero ser condenado aquí también, como quizá también lo seré por haberle violado a usted, porque lleva barba y no me gusta”, señaló con presunción. Un periodista le inquirió entonces sobre la estrategia procesal que pensaba llevar a cabo.
“Tengo la maleta preparada para volver a la cárcel”, contestó entre risas.
Según la imputación, Tarantini habría recibido más de $500 mil del bolsillo de Berlusconi -que también está acusado- a través de Lavitola. Un esquema que no es nuevo para los fiscales.
La justicia italiana ha determinado en varias sentencias condenatorias que Lavitola ejerció de intermediario tanto dentro como fuera de Italia. Los escenarios criminales van desde la compra de parlamentarios italianos que hicieron caer el Gobierno de Romano Prodi en 2008 al intento de desvío de hasta $22 millones en coimas de la construcción frustrada del hospital pediátrico de Veraguas cuyo destinatario era el ex presidente Ricardo Martinelli.
Lavitola, que lleva en libertad condicional desde finales del año pasado, tiene varias cuentas pendientes con la justicia italiana. El próximo 5 de mayo comenzará de nuevo el proceso de Finmeccanica tras la repentina jubilación de la presidente del colegio de jueces que instruía este caso. En el tribunal de Roma está imputado junto al ex director comercial del conglomerado italiano, Paolo Pozzessere, por corrupción internacional en Panamá. Las pruebas en manos de los magistrados apuntan a que la sociedad Agafia Corp. se fundó para recibir una coima de 25 millones de euros provenientes del contrato con Finmeccanica y destinados a Martinelli.
CONVERSACIONES TELEFÓNICAS COMPROMETEDORAS
Los fiscales acusan a Lavitola y Berlusconi de pagar grandes sumas de dinero a Tarantini para evitar que revelara ante los jueces la verdad que rodea la participación de 26 jovencitas en las veladas erótico-festivas organizadas por Berlusconi. Para ello cuentan con unas comprometedoras interceptaciones telefónicas, conversaciones que servirán como prueba a la juez de las indagaciones preliminares que decidirá en los próximos días si Berlusconi y Lavitola son enviados a juicio.
En estas conversaciones, Berlusconi alardea de su sex appeal para seducir a jovencitas.
“Esta noche había 11 haciendo fila, pero solo me llegué a llevar a la cama a ocho de ellas”, decía orgulloso el ex primer ministro al contar a Tarantini, con otros detalles escabrosos de la fiesta de fin de año en su lujosa casa de Villa Certosa, en la isla de Cerdeña.
“Desde que Playboy declaró que soy el político más sexy ya no tengo tregua. Ayer, por ejemplo, había 11 chicas fuera de mi habitación, en fila, pero sólo pude con ocho… porque finalmente no se puede llegar a tanto”, se jactaba con suntuosidad.
Berlusconi, que desde que saltaran los escándalos sexuales ha insistido ante los fiscales en su inocencia, estaba -según las acusaciones- en el centro de una gran red de prostitución a la que también contribuyó Lavitola. En otra de las conversaciones, Berlusconi le dice a Tarantini:
“Mira Gianpaolo, ahora debemos tener dos [chicas] cada uno, porque quiero que tú también tengas las tuyas, si no me siento siempre en deuda. Yo llevo las mías y tú lleva las tuyas y después nos las prestamos… En fin, que todo debe girar”.
Y en otra, entre Lavitola y Tarantino, se escucha al primero decir: “Mientras haya más mierda, mejor”.
