TEMA: Henrique Capriles


Venezuela se prepara hoy para un día clave

Venezuela se prepara hoy para un día clave

Hace 12 añosLa crisis política que sacude Venezuela podría recrudecerse hoy, cuando el líder opositor Leopoldo López –sobre quien pesa una orden de arresto– acuda al frente de una marcha que se espera sea masiva a entregar una serie de peticiones ante la justicia venezolana.
Gobierno emplaza a EU
VENEZUELA

Gobierno emplaza a EU

Hace 12 añosEl Gobierno venezolano dio 48 horas para salir del país a tres funcionarios consulares estadounidenses expulsados tras ser acusados de actividades conspirativas.
´Vamos a defender la revolución con todo´

´Vamos a defender la revolución con todo´

Hace 12 años

La última ola de protestas en Venezuela ha estado marcada por imágenes –algunas más fidedignas que otras– de violencia, represión y vandalismo. El guión se repetía a diario: durante el día iban apareciendo focos –usualmente espontáneos– de protesta, que en Caracas solían ubicarse en la zona este de la ciudad. En algún punto del desarrollo de estas –usualmente al atardecer o por la noche– comenzaban los enfrentamientos y el vandalismo. Poco después intervenía la fuerza pública, con intenciones inciertas –depende de a quién se le pregunte– pero añadiendo un elemento más a la complejidad de los hechos. Las imágenes –fotos y hasta videos en vivo– comenzaban a circular por internet, lo que aumentaba la indignación nacional e internacional y hacía que el ciclo comenzase de nuevo al día siguiente.

Las imágenes que se han generado en las protestas venezolanas –impulsadas por el poder de las redes sociales– son quizá las principales responsables de ese sentido de crisis que –más allá de lo masivo o no de las protestas– parece haberse instalado a ambos lados del espectro político.

Pero ni su enorme impacto ha podido salvarlas de la guerra de narrativas que se libra minuto a minuto en este país. El domingo, los manifestantes de oposición que se concentraron en el parque Cristal –liderados por el partido Voluntad Popular de Leopoldo López– decidieron romper el mitin poco después de la 1:00 de la tarde. “Así evitamos que lleguen los malandros y haya violencia”, decía una señora mientras abandonaba el parque.

Según la narrativa opositora, grupos de individuos armados –apoyados por el gobierno– se infiltran en las concentraciones para causar caos y responsabilizar a los manifestantes. Estos individuos, aseguran, provienen de los llamados “colectivos”, organizaciones sociales típicas de algunos barrios caraqueños que en los últimos tres lustros –según alegan sus críticos– se han convertido en la versión chavista de los Batallones de la Dignidad panameños. Y dentro de los colectivos, pocos inspiran más recelo entre los opositores que el Movimiento Revolucionario Tupamaro (MRT).

Tupamaros y revolución

Técnicamente hablando, los tupamaros no son un colectivo. Nacidos en la década de 1980 en el barrio 23 de Enero de Caracas –de donde proviene, en todo caso, la mayor parte de los colectivos– como una guerrilla urbana nombrada en honor al movimiento homónimo uruguayo –al que perteneció el actual presidente de ese país, José Mujica– al día de hoy son uno de los partidos que componen el Gran Polo Patriótico, la agrupación de entes políticos y sociales que apoyan la llamada “revolución bolivariana”.

Su historia es una de transformación: de guerrilleros enmascarados –hasta 2003 usaban pasamontañas al estilo del subcomandante Marcos– a activistas y defensores a ultranza de lo que ellos llaman “el proceso revolucionario” iniciado con la elección de Hugo Chávez en 1998.

Oswaldo Kanica Jiménez, presidente del movimiento, recuerda ese momento como si fuera ayer. Sentado a una mesa en el segundo piso de un café cercano a la plaza Bolívar –en donde, como en todo el centro de la ciudad, la vida transcurre con absoluta normalidad–, explica cómo el futuro líder de la “revolución bolivariana” no les convencía del todo. “En su momento tuvimos mucho recelo: todos los militares que se montaban en aquella época eran dictatoriales”.

Kanica y sus tupamaros tenían motivos para desconfiar. Mucho antes del nacimiento del MRT, todos sus miembros habían sido parte de lo que ellos denominan “las fuerzas revolucionarias”. Esas fuerzas, explica, pasaron décadas luchando contra la “traición” que para ellos significó el llamado “puntofijismo” –el acuerdo de “sostenibilidad” democrática (o de reparto de poder, según se vea) alcanzado en 1958 entre tres de los principales partidos políticos del país– tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Tras 40 años de lucha, apoyar a Hugo Chávez era una espada de doble filo: si bien se rompía el “puntofijismo”, se estaba propulsando un militar al poder. Y además, uno que seis años antes –en febrero de 1992– había intentado llevar a cabo un golpe de Estado.

Pero Chávez tenía algo distinto. “Su convocatoria nos llamó la atención: nos invitó a que fuéramos parte de esa lucha de lo que él llamaba ´la nueva independencia´. Nosotros intercambiamos ideas y decidimos apoyarle en el proceso electoral constituyente de 1999”.

A partir de ahí, el MRT sería una parte importante del período de consolidación del régimen chavista, defendiendo la “revolución” contra la “política de sabotaje y terror” que vivió Venezuela hasta el desenlace del intento de golpe de abril de 2002. “Nosotros acompañamos al compañero Chávez, defendimos Miraflores, defendimos La Casona y el fuerte Tiuna. Tras su retorno es que comienza este proceso de transición al socialismo”.

La transición saboteada

Para Kanica, Venezuela vive un proceso de “transición al socialismo” que, sin embargo, es saboteado por “la burguesía, las trasnacionales, los gringos y la política imperialista, que han rechazado” sus propuestas. Además, esos enemigos hacen todo lo posible para sabotear el progreso de la “revolución”, como “esconder y acaparar los alimentos para hacerle creer a la población que tenemos escasez”.

El MRT, por supuesto, forma parte importante de la guerra narrativa venezolana. Para los tupamaros, que históricamente tuvieron un significativo componente estudiantil, los estudiantes que hoy protestan “están siendo utilizados por la burguesía para desarrollar una lucha de calle. ¿Contra quién luchan? ¿Qué piden? Cuando nosotros éramos estudiantes estuvimos en la clandestinidad y luchábamos por cupos, porque no había universidades, por comedores y por el pasaje estudiantil. Esas reivindicaciones las conseguimos nosotros. Pero nosotros peleábamos por asuntos estudiantiles, no deteriorábamos instalaciones gubernamentales ni tirábamos piedras a los bancos ni al Metro”.

“Entonces –continúa– ¿qué le plantean al Gobierno estos estudiantes? No hay ninguna propuesta. Lo que hay es un pago salarial que el imperio les da a otras personas que los tienen a ellos como obreros de calle quemando y trancando todo”.

La pregunta es obvia: ¿qué hay de la inseguridad y la escasez? Para el líder de los tupamaros, la ira estudiantil –y ciudadana– está mal enfocada. Antes, sin embargo, entona un mea culpa. “Debemos señalar que tenemos deficiencias. En el caso de la harina-pan, por ejemplo, hemos dejado que los consorcios controlen la producción y distribución, hemos permitido el acaparamiento. No nos hemos puesto a producir harina-pan y otras cosas”.

A raíz de eso, alega, “los pudientes y los burgueses han comenzado a contrabandear los productos venezolanos a otros países. Por eso la cesta básica no está llegando a la población”. De la misma manera, su estrategia preferida para combatir la inseguridad es el aumento de la “inteligencia social. Necesitamos redes de información que permitan saber quiénes son los malandros y qué hacen. Debemos avanzar en ese aspecto, pues todas las revoluciones tuvieron su servicio de inteligencia”.

La lucha es luchando

Para algunos chavistas, movimientos como el MRT han cometido un grave error al no desvincularse con más vehemencia de las acusaciones de violencia que les están lloviendo. Ante esto, Kanica esboza una media sonrisa. Si bien se desmarca de los alegatos –incluso afirma que ni ellos ni los colectivos están armados–, deja claro que la lucha es luchando: “ellos [los estudiantes] están peleando por unos presos que han cometido delitos, que han matado y herido compañeros nuestros. El día 12 y 13 de este mes nosotros [los tupamaros] dimos una orden de que ninguno de nosotros estuviera en las manifestaciones. Pero ojo: íbamos a mantenernos en guardia para defender esto si la cosa se desbordaba. Nosotros vamos a defender esto con todo, y lo decimos de corazón. No estamos peleando un espacio, ni tales o cuales elecciones: estamos peleando por un proceso revolucionario. Para nosotros, el proceso electoral es una táctica. La estrategia es el proceso revolucionario”.

“Ellos dicen que nosotros nos estamos infiltrando. ¿Crees que nosotros vamos a infiltrarnos para destruir los módulos de servicio médico o los mecanismos de distribución de alimentos? ¡Si eso lo hemos construido nosotros! ¿Cómo vamos a destruir el Metro, si hemos luchado hasta contra Chávez por mejorar el transporte popular? ¿Cómo vamos a destruir lo que hemos construido y custodiado durante todo este tiempo? Quince años nos ha llevado este proceso, y lo hemos dicho: no volverán. Y tenemos la consigna: ni pacto ni negociación. Vamos a profundizar esta revolución”.

Las palabras del líder Tupamaro son duras –representan el ala más militante del chavismo– pero aportan un ángulo significativo al complejo panorama venezolano.

En pocas palabras, Kanica –y miles de militantes más– ya han pasado por todo lo que están pasando –o dicen pasar– los miembros de la oposición. Por eso, percibe un profundo sentido de injusticia en la actitud de la oposición e, incluso, en el tratamiento que reciben del gobierno.

Ya basta de impunidad. La impunidad nos está dañando el proceso. Cuando los compañeros cometieron errores fueron presos, como los que tumbaron la estatua de Colón [en la plaza Venezuela de Caracas] en 2001. En el puente Llaguno [durante el intento de golpe de Estado de 2002] fueron presos también nuestros compañeros, que nosotros llamamos ´héroes´ y ellos ´pistoleros´. No estamos dispuestos a entregar lo que tanto nos costó rescatar”.

Kanica se revuelve en el asiento. De repente, uno de los cinco “compañeros” que nos acompañan se levanta y le dice que le esperan “con urgencia en la oficina”. Pero hay tiempo para una pregunta más: ¿qué pasará con Leopoldo López?

“Él tiene una orden de captura. Tiene que entregarse y no hacer la comiquita esa que quiere hacer de traer una manifestación [hoy martes] y entregarse después de recorrer dos cuadras. Cuando a nosotros nos ponían orden de captura, nos buscaban hasta debajo de las piedras. Cuando nos capturaban, no nos entrevistaban ni nos daban derechos humanos ni venían los medios internacionales. Nada de eso. Cuando a mí me capturaron me rompieron los brazos, me dieron duro con un bate y no me dejaban hablar siquiera con los abogados. Nos juzgaban tribunales militares y nos daban condenas de 15 y 30 años”.

“Muchos de nuestros compañeros estuvieron presos, fueron asesinados a golpes o quedaron lisiados. A él no le va a pasar eso. Cuando se entregue, dará una rueda de prensa, se le garantizarán sus derechos humanos y vendrán las organizaciones internacionales, pero esa [su orden de arresto] es una decisión de nuestra justicia. Cometió un delito y tiene que pagarlo. Así como se entregó Chávez el 4-F [durante el golpe fallido de 1992] y dijo que asumía la responsabilidad ´de todos los hechos a nivel nacional´. Por eso se le respetó, por asumir las responsabilidades y estar dos años en la cárcel. Los señores [Henrique] Capriles, [Antonio] Ledezma, [Leopoldo] López, [María Corina] Machado y todos los demás, todos tienen que asumir sus responsabilidades, así como nosotros en su momento asumimos las nuestras”.

Capriles llama al Gobierno a cesar torturas y la represión en Venezuela

Capriles llama al Gobierno a cesar torturas y la represión en Venezuela

Hace 12 años


El ser o no ser de la oposición venezolana

El ser o no ser de la oposición venezolana

Hace 12 años

Conviene comenzar este primer reporte desde Venezuela haciendo una aclaración. Antes de entrar a describir y analizar lo que está sucediendo –que es mucho–, se hace necesario dejar claro lo que no está pasando.

Y esto se puede resumir en una simple frase: Venezuela no está “en llamas” ni “prendida” ni nada por el estilo. Las protestas de los últimos días han sido amplificadas, especialmente en el imaginario internacional, por el poder de las redes sociales y la torpeza –léase blackout mediático y represión de fuerzas regulares e irregulares– del Gobierno venezolano. Debajo del manto mediático, la inestabilidad se ha concentrado en las ciudades de San Cristóbal –capital del estado de Táchira, 800 km al suroeste de la capital–, Mérida –capital del estado homónimo, a 650 km de Caracas en la misma dirección– y en sectores muy localizados del territorio caraqueño. Muy poco bagaje para un país de casi 30 millones de habitantes y una capital que en su máxima extensión ronda los 8 millones.

Pero tampoco es cuestión de irse al otro extremo. La debilidad de las protestas no es, ni mucho menos, indicación ni prueba de nada, sino apenas uno de los muchos vectores que componen la complejísima situación de este país. Porque aunque muchos no protesten, no quiere decir que estén conformes.

Insostenible e ¿irreversible?

Se siente en los comentarios desde que uno entra al país. ¿Panamá?, preguntan –con mayor o menor sutilidad– desde taxistas hasta empleados gubernamentales, “¿cómo está la cosa por allá? ¿Hay trabajo?”. En Venezuela, al día de hoy, se siente un ambiente distinto al de hace un año. Parafraseando a Shakespeare, algo huele a podrido por estos lares: la violencia y la criminalidad se cobran más vidas que muchas guerras y conflictos actuales, y el desabastecimiento y la escasez son realidades ya imposibles de maquillar. Todo, a su vez, alimentado por una irracionalidad económica que tiene al dólar superando los 80 bolívares en el mercado negro, lo que convierte a Caracas en la ciudad más cara y más barata del mundo al mismo tiempo.

Ninguna de estas cosas es nueva, pero sí su nivel de gravedad. Y la falta de esperanza. Hubo un tiempo –no muy lejano– en el que era posible defender el statu quo venezolano con toda clase de argumentos y excusas. Ahora no: lo insostenible de la situación es solo igualado por lo invisible que aparenta ser para aquellos que –paradójicamente– se han encaramado en una torre de marfil en nombre del pueblo.

Hay quien piensa, además, que los venezolanos no se pueden quedar de brazos cruzados, esperando a que la torre de jenga caiga en cualquier momento. Ayer estaban concentrados en el parque Cristal, en la zona este de la ciudad. Entre 5 mil y 10 mil personas, mayoritariamente vestidas de blanco, se reunieron bajo el sol a expresar su descontento. El setting era característico: de frente a la tarima –donde, además de los oradores, se aglutinaban los periodistas–, dos altos edificios acristalados tapaban parcialmente la vista de El Ávila, el emblemático cerro de los caraqueños.

Prometedoras, por ahora

La zona de la ciudad, el perfil socioeconómico de los asistentes y la vaguedad de sus discursos –el gobierno, corrupto, dictatorial, ineficiente y controlado desde La Habana, tiene que caer a como dé lugar– podrían conducir a una conclusión errada. Sí, la última erupción de descontento ciudadano tiene mucho en común con todas las de los últimos 15 años, pero a la vez tiene ciertas cosas que la hacen distinta y prometedora, aunque aún no (realmente) poderosa. Esto último, que es lo que importa al final, solo llegará cuando los dilemas más profundos de la oposición –que se debaten en tarimas como la del parque Cristal, en el vibrante ciberespacio venezolano y en las oficinas de las distintas fracciones opositoras– puedan ser resueltos.

Las protestas de los últimos días son prometedoras por una sencilla razón: en el centro de ellas están los estudiantes. Y los estudiantes, bien lo sabemos en Panamá, juegan un rol muy particular en el balance político de un país. Por un lado, como decía el expresidente Caldera, “son el gallo que canta en la madrugada de la libertad”. Por otro, un poco más aterrizado, son un sector demográfico que, además de representar lo mejor que tiene el país para ofrecer, arrastra consigo a familiares y muchos otros, inspirados por el idealismo y la valentía que se le atribuye.

Finalmente, el término estudiante no entiende de divisiones raciales, políticas o económicas. Cuando la juventud ilustrada –o en camino a ilustrarse– de un país protesta con tanta virulencia es porque algo muy adentro está fallando. O ha fallado por completo.

La rebelión estudiantil venezolana tiene, además, un componente muy significativo: los muchachos que muestran su insatisfacción deberían ser el orgullo de la “revolución bolivariana”. Ninguno vivió, como adulto, la denostada Cuarta República. Ninguno pudo analizar sesudamente los hechos de abril de 2002. Estos muchachos se desarrollaron en revolución, en la Venezuela socialista del siglo XXI, y ahora se rebelan contra ella. Pocas cosas podrían ser más simbólicas hoy en este país.

Los mil debates

Los símbolos, sin embargo, valen poco por sí solos. Y en esas se encuentra este feto rebelde, debatiéndose entre la historia y el olvido. Mucho dependerá, por supuesto, del resto de la sociedad, y concretamente del sector opositor. En este momento los debates son muchos, y empiezan por el corazón de las protestas actuales: ¿debemos denunciar cosas concretas –como la liberación de los estudiantes presos o el desarme de los colectivos armados– o exigir la caída del gobierno? Muchos intentan convencer a sus copartidarios de dejar sus sentimientos a un lado y concentrarse en pequeños cambios. Después de todo, alegan, tumbar a un gobierno no sienta un precedente muy democrático o constitucional. Pero el hartazgo y la rabia no entienden de razonamientos, y los eslóganes de las concentraciones siempre acaban en la retórica antigobierno que pocos resultados ha dado.

Luego está el timing, e incluso lo oportuno de las protestas en sí: ¿debemos salir a la calle ahora, cuando al gobierno le quedan cinco años en el poder y no hay ninguna elección cerca? ¿O debemos evitar la confrontación e ir, como dice Henrique Capriles, “ganándonos el corazón de todos los venezolanos”? Aquí, el debate es incluso más intenso, porque vive en la intersección de la sabiduría política y la sabiduría a secas. Al protestar –y terminar en confrontaciones que sirven principalmente para inflamar pasiones de otros opositores y de simpatizantes en otros países–, se desvía la atención de los verdaderos problemas del país. Además, se ayuda a justificar una represión hecha en nombre de la seguridad nacional. Lo mejor sería, piensa un sector, esperar y dejar que esto implosione solo.

Esta posición, sin embargo, no satisface a los que sufren la escasez y la violencia. Primero, alegan, a los carajitos (estudiantes) no se les puede abandonar: aunque sea por eso hay que estar en la calle. Los más radicales lo llevan aún más lejos: con una dictadura no se puede dialogar. Una dictadura que, encima, no está compuesta por hermanos –como decía alguien hoy en parque Cristal–, sino “por hermanos que obedecen a extranjeros (cubanos)”. Lo de esperar la implosión, finalmente, suena a inocencia en el peor de los casos –ahí está Cuba– y a cobardía en el peor.

Estos apasionados debates –incluso hay quien discute si se debe cantar o no en las marchas–, vistos en perspectiva, muestran dos caras bien distintas del momento político que vive la oposición de Venezuela. La cara bonita habla de pluralidad, de la vitalidad del debate centrado en un mismo propósito y en unos mismos ideales. La oposición venezolana está más viva que nunca, y su poliédrica naturaleza habla de un progresivo crecimiento transversal en la sociedad. ¿Qué puede haber más democrático que eso?

Leo y Henrique

La cara dura habla de un sector político que, tras 15 años, no consigue aglutinar el descontento en una figura, una idea, una propuesta de país. Al día de hoy la estrella del momento se llama Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular (AP) y cara visible de la postura táctica del “aquí y ahora”. La orden de arresto emitida recientemente contra él no ha hecho más que acrecentar su figura, y tras unos días “fugitivo” –pobre inteligencia venezolana–, apareció anoche en un video a lo Bin Laden para emoción de sus seguidores y esperanza de quienes pensaban que abandonaba la lucha. En él, López anunció una gran marcha para mañana, en la que “dará la cara” llevando una serie de peticiones al Ministerio de Justicia. Leopoldo parece haberse decidido a cruzar su Rubicón: al “dar la cara” no solo forzará su arresto –y el inicio de su posible martirio–, sino que llevará las protestas al centro de Caracas, territorio comanche para la oposición.

En la otra esquina, por supuesto, se halla Henrique Capriles. El otrora golden boy opositor, que aboga por la no confrontación y cuyos seguidores –aunque no lo admitan– no acuden a las marchas de VP, ha sufrido –a ojos de muchos– un duro golpe del que quizá no se recupere. Ayer, mientras “llamaba a protestas” en la salita de prensa de su centro en Bello Monte, miles escuchaban a María Corina Machado –la “mano derecha” de López– en parque Cristal. La alfombra que sostuvo a Capriles por mucho tiempo se desliza bajo sus pies, quizá inexorablemente.

Todo esto, naturalmente, también forma parte del debate. Hay quien cree que es bueno que haya varios líderes, varios focos, varios métodos. Aglutinarlo todo en una figura carismática es, al fin y al cabo, sembrar la semilla de otro Chávez.

Hay incluso quien excusa la situación diciendo que “los venezolanos somos así”. Pero la historia no parece sugerir que los desórdenes estratégicos y las multicefalias políticas sirvan para lograr objetivos. Y mucho menos unos tan ambiciosos como los que persigue la oposición venezolana.

Venezuela: sigue crisis política

Venezuela: sigue crisis política

Hace 12 años


Sindicato venezolano dice 20 periodistas fueron agredidos y 11 detenidos

Sindicato venezolano dice 20 periodistas fueron agredidos y 11 detenidos

Hace 12 años


Capriles convocará marcha contra la violencia y grupos radicales

Capriles convocará marcha contra la violencia y grupos radicales

Hace 12 años


Líder opositor venezolano llama a la protesta pacífica

Líder opositor venezolano llama a la protesta pacífica

Hace 12 años

SERVICIOS INTERNACIONALES. -El líder opositor venezolano Leopoldo López instó este domingo, 16 de febrero, a sus seguidores a continuar en las calles las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, pero de manera pacífica. En tanto, los cuerpos de seguridad intensificaron durante la madrugada de hoy los allanamientos en su búsqueda.

Las autoridades venezolanas acusan a López de ser el responsable de la violencia desatada durante una ola de manifestaciones que dejaron esta semana tres muertes y decenas de heridos.

Los manifestantes, en su mayoría estudiantes, sostienen que no dejarán las calles hasta que el heredero del fallecido Hugo Chávez renuncie, aunque no hay indicio de que esto pueda pasar.

El presidente Maduro ha dicho que no permitirá que las marchas de la oposición generen caos y el domingo la policía replegó a miles de manifestantes reunidos en el este de Caracas, usando gases lacrimógenos y ráfagas de agua, en una escena que se ha repetido casi a diario en las últimas jornadas.

“Al país, en especial a los estudiantes, que siempre he admirado y apoyado, ratifico que la lucha sí es en la calle, el método es la no violencia", escribió el ex alcalde en su cuentade Twitter @leopoldolopez, tarde el sábado.

Poco después el periódico El Nacional informó en su portal web que efectivos policiales armados habían visitado la casa del padre de López en Caracas, en búsqueda del dirigente opositor a quien Maduro ordenó en la víspera que se entregue.

“Está todo en orden (...) Al darse cuenta que Leopoldo no está acá se retiraron”, dijo Leopoldo López padre. "Maduro, eres un cobarde. Ni a mi familia, ni a mí, nos vas a doblegar. A mi familia: fuerza, los amo", escribió más tarde vía Twitter el político.

GOBIERNO: LÓPEZ TIENE ORDEN DE CAPTURA Y DEBE ENTREGARSE

Por su parte, el ministro de Interior de Venezuela, Miguel Rodríguez, reiteró hoy que sobre el opositor López existe una orden de captura emitida por un tribunal y que debe presentarse ante las autoridades, al tiempo que señaló que el líder del partido Voluntad Popular (VP) tiene sus derechos "garantizados".

"Leopoldo López tiene una orden de captura emitida por un tribunal de la república, él tiene sus derechos garantizados, simplemente con presentarse, tiene sus derechos humanos, todos los derechos que están en la Constitución", dijo Rodríguez.

El ministro comentó también que le llama la atención que Estados Unidos manifieste preocupación por la vida de López, pues, a su juicio, se trata de una manera de hacer ver que el Gobierno de Venezuela está involucrado en un hecho de violencia.

"Nosotros conocemos la manera cómo actúan algunos servicios extranjeros y algunos gobiernos extranjeros, este es el caso de los Estados Unidos, ellos lanzan la alerta primero y después actúan para hacer realidad la alerta que ellos están lanzando y así quizás hacer ver al gobierno, en este caso al venezolano que está involucrado en algún hecho de violencia", dijo.

RELATORA DE CIDH CALIFICA DE GRAVE LA SITUACIÓN EN VENEZUELA

La Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Catalina Botero, calificó de "grave" la situación que se vive en Venezuela por las acusaciones del gobierno contra la prensa.

"La situación de la libertad de expresión en Venezuela es grave, como lo ha dicho la Relatoría en todos sus informes. Es grave porque el marco jurídico es de enorme ambigüedad y el gobierno tiene facultades muy fuertes para sancionar a los medios o incluso sacar a los medios del aire", dijo la abogada colombiana en declaraciones que publica el diario El Espectador de Bogotá.

Según Botero, los medios que cubren conflictos carcelarios o sociales en ese país son acusados de generar zozobra. "Las normas son muy ambiguas y quien las aplica es el propio Ejecutivo, entonces no hay ninguna garantía para el ejercicio libre de la libertad de expresión. Hay pocos medios que lo pueden hacer. Uno de esos medios que estaba cubriendo las protestas de manera directa fue (el canal de televisión colombiano) NTN24 y fue sacado de la programación de los canales de cable", afirmó.

Botero también se refirió a las dificultades que sufren los periódicos por la falta de papel, lo que hace que no exista "ninguna garantía para el ejercicio libre del derecho a expresarse".

"El gobierno suele entender que una expresión crítica como salir a protestar o no estar de acuerdo es casi que ilegal y subversivo. Eso es muy complicado en un país que está sometido al derecho internacional de los derechos humanos, un derecho que supone que la base de todas las democracias es la deliberación plural y colectiva, y la deliberación supone puntos de vista diversos", comentó.

"Hemos dicho que el marco jurídico que regula las telecomunicaciones en Venezuela tiene normas incompatibles con los derechos humanos, como estas normas ambiguas, y que la manera como ha sido aplicado tiene problemas serios de compatibilidad con ese marco internacional. Lo hemos dicho expresamente en casos ante la Corte y ante la Comisión Interamericana y en los informes de la Relatoría", añadió Botero.

Calma en Venezuela entre acusaciones y llamados a la paz

Calma en Venezuela entre acusaciones y llamados a la paz

Hace 12 añosCARACAS, Venezuela. (EFE/DPA).- Venezuela se mantuvo hoy, jueves, en una tensa calma después de los hechos de violencia del miércoles que dejaron tres muertos y más de sesenta heridos, sucesos de los que el chavismo acusa a opositores mientras desde todas las tendencias contrarias al Gobierno se llama a la paz.

LAS MÁS LEÍDAS

  • Alcaldía de Panamá cancela solicitud de un préstamo de $27.2 millones que pediría a Multibank. Leer más
  • Coiba, minería y arrecifes: El giro del discurso ambiental de Juan Carlos Navarro. Leer más
  • Corte mantiene cierre de cooperativa del Suntracs; obreros presentan recurso ante CIDH. Leer más
  • Agroferias: confirman puntos de venta para este miércoles 24 de junio. Leer más
  • El Minsa concede contrato millonario a la que fue empresa del ministro Boyd. Leer más
  • Una mina a tajo abierto en las selvas del río Boquerón, 1980. Leer más
  • En medio de la cumbre de la OEA, estos son los cierres de vías en la ciudad. Leer más