Hace 2 añosLos sindicatos han sido una pieza clave en la defensa de los derechos laborales, logrando avances fundamentales para los trabajadores panameños. Sin embargo, cuando algunas organizaciones sindicales desvían su misión y recurren a la violencia y la imposición para sembrar el caos, traicionan los principios que dieron origen al sindicalismo.
Panamá es un país democrático, donde las ideas deben debatirse en las urnas y no imponerse a la fuerza en las calles. No se puede permitir que algunos grupos utilicen su poder de convocatoria para paralizar al país o coaccionar a la población en función de ideologías que no han logrado respaldo ciudadano.
Los trabajadores tienen derecho a la organización y a la protesta, pero también la sociedad tiene derecho al orden y a la paz. La lucha sindical debe mantenerse dentro del marco de la ley y el respeto a la voluntad popular. Porque cuando se pierde ese equilibrio, quienes realmente salen perjudicados son los propios trabajadores y la credibilidad del movimiento sindical.
Giovanni Olmos EspinoHace 2 añosArtículo que analiza aspectos del cambio climático, la necesidad de transparencia y rendición de cuentas en materia de gobernanza ambiental y aspectos de derechos humanos vinculados a la adaptación al cambio climático.
Hace 2 añosLa clave para el futuro de Panamá no está en debates estériles ni en promesas sin sustento: está en la generación de empleos. La última encuesta de la Contraloría General revela que la tasa de desempleo ha subido al 9.5%, mientras que casi la mitad de la población ocupada (49.3%) sobrevive en la informalidad. El sector privado sigue sin recuperar los niveles de empleo de 2019 y, en su lugar, se ha multiplicado la contratación de funcionarios y el trabajo precario.
Si el gobierno no reactiva la economía, ninguna reforma a la Caja de Seguro Social será suficiente para sostener el sistema. La inversión debe ser una prioridad urgente, y para lograrlo es esencial generar confianza. Se necesita dinamizar la construcción, fortalecer las asociaciones público-privadas para infraestructura, y ofrecer incentivos como el interés preferencial para la vivienda. Sin estos motores de crecimiento, la economía seguirá estancada.
Panamá no puede seguir dependiendo del endeudamiento y la burocracia para sostenerse. El país necesita inversión, estabilidad y, sobre todo, empleos. Esa debe ser la prioridad del gobierno.