Orlando Prince TuñónHace 1 añoLos residentes, obligados a vivir en un entorno marcado por los constantes tranques, se ven forzados a convertirse en extraños entre sí, porque ya ni se ven.
Alberto Jabiles SchwartzHace 1 añoUn día como hoy, hace dos años según el calendario judío, Hamás, la rama palestina de la Hermandad Musulmana, perpetró un genocidio en el sur de Israel...
Hace 1 añoPanamá vuelve a estremecerse ante el asesinato de dos mujeres jóvenes: Selinda Córdoba, en Aguadulce, y Yamileth Santamaría, en Santiago. Dos nombres que se suman a una estadística que crece y a un Estado que reacciona tarde.
Selinda tenía una orden de alejamiento contra su agresor, pero eso no impidió su muerte. Esa frase resume el fracaso institucional: leyes que existen, mecanismos que no funcionan y vidas que se pierden en la espera.
La violencia contra las mujeres no es un hecho aislado ni un tema coyuntural. Es una herida social que atraviesa generaciones y que el país sigue normalizando. Las cifras del Ministerio Público —doce femicidios hasta septiembre— no son simples números: son advertencias ignoradas.
Prevenir no es solo dictar leyes, sino garantizar protección efectiva, coordinación entre autoridades y educación con perspectiva de género. Cada vez que una mujer muere a manos de su agresor, Panamá fracasa en su deber más elemental: proteger la vida. Y ninguna sociedad puede llamarse justa si no defiende primero a sus mujeres.
Mónica PalmHace 1 año¿COPIÓN? Durante el gobierno de Juan Carlos Varela (2014-2019), José Raúl Mulino se quejaba de que la “procuraduría paralela” era una “organización movida por la venganza, dizque buscando justicia”. Sin embargo, ahora ha creado una estructura similar (aunque con otro nombre) para operar desde el Ministerio de Gobierno. Al parecer, después de todo, las procuradurías paralelas no son malas; lo malo es no estar en el gobierno cuando las conforman.
Comunicación entre padres e hijos con respecto a los riesgos y peligros en línea.
Carlos E. González de la LastraHace 1 añoLo que antes era un sueño compartido —viajar, estudiar o migrar a Estados Unidos— hoy es, para muchos, una opción descartada.