Redacción de La PrensaHace 2 añosEs esencial que permanezcamos vigilantes del proceso de conteo de votos en algunos circuitos a nivel nacional. Las argucias políticas en la asignación de algunas curules que corresponderían a diputados independientes o del Movimiento Otro Camino, podría alterar significativamente el equilibrio de poder en nuestro país, afectando la capacidad de fiscalización de la Asamblea Nacional. El Órgano Legislativo, piedra angular de la democracia panameña, ostenta una función vital como contrapeso al poder ejecutivo, resultando esencial para el correcto funcionamiento de nuestras instituciones, es por esto que la transparencia y la legitimidad del proceso electoral son fundamentales para mantener la confianza en nuestras instituciones y en el sistema democrático en su conjunto. Por lo tanto, instamos a todas las partes involucradas a garantizar que el conteo de votos se realice de manera justa y transparente, y que cualquier impugnación se resuelva de acuerdo con la ley y en beneficio del interés público. La democracia panameña depende de la participación ciudadana y la vigilancia constante para prosperar y cumplir con las expectativas de la sociedad.
Redacción de La PrensaHace 2 añosEl resultado electoral legislativo ha sacudido los cimientos de la política nacional. Mientras el país aún asimilaba los resultados presidenciales, la Asamblea Nacional ha sufrido una metamorfosis radical. De un órgano impregnado de partidismo emerge ahora una mayoría independiente, investida con la confianza del pueblo panameño. Es en estos nuevos diputados, en quienes reposa la esperanza de constituir un auténtico contrapeso al poder ejecutivo. La ciudadanía exige una Asamblea que anteponga los intereses de la nación, erradicando de una vez por todas la corrupción que ha corroído nuestras instituciones. Esta es una coyuntura histórica para Panamá. Los electores han expresado con claridad su clamor por un cambio radical y perdurable. En este momento crítico, los líderes electos deben estar a la altura de la confianza depositada en ellos, dedicándose incansablemente al bienestar común y la prosperidad de todos los panameños. La nueva Asamblea tiene la imperiosa obligación moral de servir al pueblo con integridad y transparencia. Solo así podremos edificar una nación más robusta y cohesionada, donde la voz del pueblo sea verdaderamente escuchada y respetada.
Hace 2 añosEl discurso del próximo presidente de la República sin duda debe llamarnos a la reflexión por lo contradictorio. Intentó ser conciliatorio, pero al mismo tiempo no se pudo ocultar su carácter contencioso; dijo respetar a los medios de comunicación, pero dejando entrever que solo a los que no le hicieran preguntas incómodas; dijo que gobernará con los mejores, pero descalificando a los que lo critican. Sus contradicciones tuvieron su colofón con un hecho que no puede negar: cómo gobernar sin que no se crea que él pueda ser objeto de manipulación de quien está detrás de su triunfo. Antes de asegurar al país entero que no es títere de nadie, que obtuvo su triunfo con su propio esfuerzo y que gobernará bajo su propio criterio, sin influencias, primero tiene que demostrarlo, y no con palabras, sino con hechos. No podemos ignorar que el nuevo presidente tiene una relación –que nunca negó– con la persona a quien le debe una buena parte de su triunfo.
Hace 2 añosEn el umbral de las urnas se alza una convocatoria urgente: votemos con razón, empatía y responsabilidad. No estamos solos; somos parte de un todo y nuestras decisiones impactan el bienestar colectivo. Las papeletas electorales representan una oportunidad para instaurar cambios significativos y son el puente hacia desafíos trascendentales. Reflexionemos sobre el estado actual de nuestra nación y la visión que tenemos para su futuro. El próximo quinquenio será un desafío sin precedentes y no podemos permitir la ineptitud ni la corrupción. Es hora de poner fin a los saqueos y asegurar que los responsables rindan cuentas. Nuestra decisión no es una mera marca en el papel; es el molde de nuestro destino común y de las oportunidades que todos deseamos. Con nuestro voto, determinamos el curso de los próximos cinco años. Es un acto sencillo, pero de profunda repercusión. Consideremos cuidadosamente nuestra decisión, pues no hay margen para el arrepentimiento. ¡Que nuestra elección resuene con firmeza y determinación, allanando el camino hacia un futuro próspero y justo para todos!
Hace 2 añosEn el fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre el candidato presidencial de los partidos RM y Alianza –impuesto por el Tribunal Electoral (TE) en uno de sus acuerdos de pleno– no hay una sola buena noticia. La Corte reconoce que el candidato correrá sin vicepresidente, pese a que la Constitución establece que debe tener uno, pero eso no lo respetó la mayoría de los magistrados del TE. Reprochan la decisión de “disminuir” el cargo de vicepresidente al de suplente, brillante idea de dos de esos magistrados del TE, quienes, para colmo, usurparon el mandato de RM y Alianza de escoger su candidato. Es decir, todo fue ilegal y hasta abusivo por parte del TE, pero en vez de ceñirse a la Constitución, los magistrados de la Corte recurrieron a la indulgencia para no irrumpir en el proceso electoral. Y eso es preocupante; es un criterio que traspasa sus deberes como garantes del mandato constitucional. Pero hay que acatar el fallo, no porque esté bien, sino porque, contrario a lo que los magistrados hicieron –permitir la violación de la Constitución– estamos convencidos, por principios, de que la ley siempre debe prevalecer. Como Sócrates, que pudiendo elegir renunciar a sus ideales, prefirió morir antes que hacerlo.
Redacción de La PrensaHace 2 añosEl próximo domingo, más de tres millones de personas podrán votar. Pero estas elecciones no serán como las últimas, pues el panorama social, económico y político es caótico y requiere de los mejores para superar los problemas en los que nos encontramos. Por eso, al emitir el voto, debemos estar bien informados y convencidos de que haremos nuestro mejor esfuerzo para tomar la mejor decisión, conscientes de que no deben primar las dádivas, el intercambio o la compra del voto. Somos mucho más que simples escalones para que un político pueda enriquecerse o seguir perjudicándonos a todos, incluidos aquellos que dependen del Estado para ser productivos. Somos más que un voto que se compra con una bolsa de comida o un trabajo temporal de seis meses; somos ciudadanos de un país que necesita la contribución de cada uno de nosotros. Si no somos capaces de vernos como ciudadanos, no podremos mantener nuestra democracia, ya que siempre habrá alguien acechando para aprovecharse y destruirla. Por eso, debemos votar como si fuéramos los padres o las madres de nuestra nación, pensando en sus mejores intereses y no solo en los nuestros. Somos uno, pero también somos todos.
Redacción de La PrensaHace 2 añosEn estos momentos decisivos, la Corte Suprema de Justicia de Panamá enfrenta una prueba de integridad al deliberar sobre la constitucionalidad de una candidatura presidencial. Este tribunal, que previamente demostró su capacidad para alcanzar incluso a los corruptos más poderosos y resolvió un caso crítico de inconstitucionalidad que mantuvo al país en vilo, tiene ahora la oportunidad de reafirmar su compromiso con la imparcialidad y la justicia. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la prontitud y la transparencia son cruciales. Esta decisión no solo determinará el futuro inmediato, sino que también será un testimonio de la continua lucha contra la corrupción en las más altas esferas. Confiemos en que los magistrados actuarán con la fortaleza necesaria para reforzar nuestras instituciones y el Estado de derecho. La Corte Suprema tiene la oportunidad de emitir un veredicto que no solo disipe dudas, sino que también fortalezca la confianza del pueblo en nuestro sistema judicial. Que su fallo sea un hito de justicia que revitalice la fe en nuestra nación y en su capacidad de autogobernarse con principios y valor.
Redacción de La PrensaHace 2 añosLa reciente maniobra del candidato presidencial, quien a escasos seis días de las elecciones, dio un giro inesperado al anunciar su respaldo a otro contendiente presidencial, ha dejado un sabor amargo en el proceso electoral. Este repentino cambio de postura, aparentando una renuncia a sus pretensiones electorales, que después nunca tuvo la intención de formalizar, arroja una sombra de duda sobre su integridad y compromiso con el proceso democrático. Es crucial recordar el artículo 206 del código electoral, el cual establece las consecuencias de renunciar a una candidatura por la libre postulación. No solo implica la pérdida del financiamiento público, sino también la obligación de devolver los fondos recibidos. Semejantes acciones no solo son una burla para los electores, sino que también le arrebataron la oportunidad a otros contendientes que seguramente habrían respetado su palabra y concluido el período electoral con honor. En última instancia, este episodio no es más que un intento de jugarle vivo al sistema electoral panameño. Jugar con las reglas y expectativas del proceso democrático mina la confianza de los ciudadanos en sus líderes y en la integridad del sistema en sí. En las elecciones, cada acción cuenta. Este episodio subraya la importancia de elegir con discernimiento. Las decisiones de los candidatos son un reflejo inequívoco de su compromiso con los valores democráticos.
Hace 2 añosA pocos días de que los panameños vayamos a las urnas, flaco favor le hacen a la población los magistrados del Tribunal Electoral al emitir conceptos interpretativos de forma independiente y sin una posición consensuada sobre el alcance y las consecuencias que un eventual fallo de la Corte Suprema de Justicia pueda tener sobre una de las candidaturas presidenciales cuya inconstitucionalidad está demandada ante las instancias correspondientes. En un contexto en el que la Nación debería estar enfocada en deliberar con prudencia y determinar su rumbo político, las resoluciones fragmentadas y las declaraciones apresuradas solo alimentan la desconfianza y el desconcierto. Es imperativo que las autoridades electorales aborden esta situación con la seriedad y la responsabilidad que el momento exige, salvaguardando la integridad del proceso democrático y el bienestar emocional de la ciudadanía. En un escenario donde la incertidumbre se erige como principal contendiente, se hace indispensable que las autoridades actúen con celeridad, claridad y firmeza, dotando de estabilidad y confianza a un pueblo que demanda certezas y transparencia en sus instituciones.
Hace 2 añosLa Corte Suprema de Justicia tiene el deber irrefutable de decidir antes del 5 de mayo la condición de la candidatura presidencial demandada de inconstitucional. Esta no es solo una cuestión de deber constitucional, sino también de responsabilidad democrática. Nunca antes en nuestra historia hemos experimentado una situación tan caótica, llena de incertidumbre y desconfianza, en los días previos a unas elecciones generales. Es inaceptable que, en este punto crucial del proceso electoral, la oferta para elegir al próximo presidente de la República aún no esté completamente definida debido a la incertidumbre sobre la candidatura de uno de los contendientes. Varios exmagistrados han subrayado la urgencia de un pronunciamiento. Es esencial que la Corte actúe con la celeridad que la situación requiere, brindando así a la población el tiempo necesario para reflexionar sobre las repercusiones de su fallo en el panorama electoral. Además, la preocupación por el estado del sistema informático del Tribunal Electoral agrega otra capa de incertidumbre y socava aún más la confianza de la población en la credibilidad del proceso electoral. Es imprescindible que se aborde esta situación de manera inmediata y efectiva para salvaguardar la integridad del proceso electoral.
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