Hace 1 añoMientras Panamá discute temas como educación, desempleo y seguridad social, otra deuda se acumula sin debate: el costo del embarazo adolescente. El nuevo estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) mide, por fin, el impacto socioeconómico de la maternidad entre los 15 y 19 años.
No es solo una tragedia íntima; es una pérdida masiva de capital humano, de ingresos futuros y de bienestar social. Cada embarazo adolescente representa oportunidades laborales y educativas canceladas. Son niñas criando niñas, sin redes de apoyo, atrapadas en ciclos de pobreza y desigualdad. Y el Estado, en lugar de prevenir, reacciona tarde y mal.
La evidencia está servida. Falta voluntad para implementar educación sexual integral, acceso real a salud reproductiva y protección efectiva contra el abuso. No es moralismo: es política pública.
El país no puede seguir pagando el costo de mirar hacia otro lado. Invertir en las adolescentes es proteger el presente y asegurar el futuro.
El pago de todas las pensiones está garantizado con recursos del Fondo Único Solidario. LP/Archivo
Jorge MesaHace 1 añoLa Caja de Seguro Social (CSS) es una entidad pública que administra el programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), actualmente conformado por el Subsistema Exclusivamente de Beneficio Definido, el Subsistema Mixto y el Sistema Único de Capitalización con Garantía Solidaria.
Hace 1 añoEn Panamá, basta una causa—cualquiera, incluso ajena a la educación—para que miles de docentes abandonen las aulas. Esta vez es la seguridad social; antes fue el salario, la minería, o la falta de pupitres. Mientras tanto, los centros escolares públicos operan a medias: unos con 95% de normalidad, otros sin un solo alumno. La asistencia fluctúa más por miedo a la inestabilidad que por ausencia de voluntad.
Es el retrato de un país donde toda huelga educativa “triunfa” si logra detener las clases. Y lo logra. Por eso el calendario escolar ya ha perdido 490 días desde 2020. Cada paro prolonga la desigualdad entre quienes acceden a educación privada y quienes esperan que vuelva la normalidad.
La deserción aumenta, el desempleo juvenil también, y el desfase entre lo que se enseña y lo que se necesita empeora. Seguimos hipotecando el futuro sin asumir que, sin educación funcional y continua, ningún país puede prosperar. Menos aún uno que convierte cada protesta en abandono.