Hace 3 mesesNo hay duda de la gran demagogia del presidente de la República. En su discurso en la Asamblea Nacional el pasado 1 de julio, dijo: “Quiero destacar especialmente el trabajo del diputado Eduardo Gaitán [de la coalición independiente Vamos], quien presidió la Comisión de Asuntos Económicos. Todos sabemos que mantiene posiciones políticas distintas a las del Gobierno y eso no le impidió conducir el debate [sobre la ley de sustancia económica para rentas pasivas de fuente extranjera] de manera profesional, seria y ecuánime”. Esa misma bancada también le dio 10 votos para aprobar las reformas a la Caja de Seguro Social. Pero este jueves, cuando le preguntaron la razón por la que no invitó a Vamos y Seguimos a una reunión en el Palacio de las Garzas con la directiva del Órgano Legislativo y los jefes de las otras bancadas, dijo: “Ellos no son parte... ¿Por qué los tengo que invitar? Ahí no sale nada bueno”. ¿De qué no son parte? ¿De la nueva alianza de gobierno? ¿No tienen derecho a mantener su independencia? Además, ¿para qué no son “buenos”? Es lamentable que el presidente no sienta ningún respeto por quienes lo adversan de manera respetuosa y con argumentos. Pareciera que el mandatario promueve un control institucional sin contrapesos ni pluralismo. Si esto no es autoritarismo, se le parece bastante.
Hace 3 mesesLos habitantes de Changuinola, en Bocas del Toro, aún recuerdan la injustificada violencia de la Policía Nacional para sofocar las manifestaciones que hace 16 años dejaron dos muertos, más de 500 heridos y unas 70 personas con discapacidad para trabajar el resto de sus días. Algunos siguen envenenándose con el plomo de los perdigones alojados aún en sus cuerpos, imposibles de extraer sin perjudicar órganos vitales. Cuando ocurrieron estos hechos, el entonces ministro de Seguridad y hoy presidente de la República acusó a los indígenas que participaban en las protestas de emborracharse, mientras los hacía responsables de la violencia, a pesar de que la institución a su cargo envió a la zona de conflicto a la policía militarizada del Servicio Nacional de Fronteras, al Servicio Nacional Aeronaval y hasta al SPI. Cada año, las víctimas de ese injustificado uso de la fuerza y de armas de fuego caminan en silencio para recordar esos incidentes. Y hace apenas una semana, el presidente se describía a sí mismo como un defensor de los derechos humanos, sin recordar lo que sufren estas personas desde entonces. El gobernante debería tener más respeto por las víctimas de la represión, la verdad y la historia.
Hace 3 mesesEl debate llegó. Y era necesario. Durante años, la ciudadanía ha reclamado reglas más estrictas para la Asamblea Nacional. Ahora los diputados tienen la oportunidad de responder con hechos, no con discursos. La reforma al reglamento interno de la Asamblea debe incluir los cambios que más exige el país. El primero es simple: quien no trabaja, no cobra.
Hace 4 mesesPanamá cuenta con una población penitenciaria muy por encima de los niveles porcentuales de las cárceles centroamericanas y de otros países. Pero este gobierno se apresta a construir más, incluida una de alta seguridad. Son edificaciones de centenares de millones de dólares, pero lo destinado a la prevención es ínfimo, casi inexistente. ¿Será suficiente disuasivo contar con más celdas para evitar que crezca la criminalidad o son una excusa para tapar la evidente incompetencia de esta administración en materia de seguridad ciudadana? ¿Cómo pretende que las cárceles desanimen a quienes son empujados a la delincuencia por la falta de empleo y oportunidades que este mismo Gobierno prometió al país?
Hace 4 mesesPanamá se acerca a ser un Estado fallido, sin institucionalidad, sin partidos políticos independientes o de oposición, controlados por una turba de títeres que están a las órdenes de quien se comporta más como emperador que como un presidente que debe su administración al voto popular, con la obligación de rendir cuentas. Ahora el Órgano Legislativo está bajo el control de un oficialismo de dudosa actuación, con un pasado con características más parecidas a bandas organizadas que a un gobierno. Nuestra democracia está secuestrada y es doloroso reconocer que es culpa de nuestra propia ignorancia, de la falta de malicia política y del más elemental sentido común. El presidente enarbolaba la bandera de la seguridad ciudadana como uno de sus nuevos pilares de trabajo diciendo que pedirá el endurecimiento de penas, mientras la diputada que estaba detrás de él —recién sentada en la presidencia de la Asamblea Nacional— aplaudía, recordando su papel como defensora de criminales y homicidas, haciendo lo posible para que sus clientes permanezcan el menor tiempo posible en prisión o sacándolos de la cárcel. Pareciera que nadie reconoce el evidente conflicto de interés que supone hacer leyes contra la delincuencia y luego, tras participar en su creación, defenderlos de estas.