EL PODER DE LA LITERATURA
Pedro Crenes Castro | Hace 8 añosYo soñé que era Serafín Arellano cuando leí El final de Norma, de Pedro Antonio de Alarcón. En aquella época, el rostro de La hija del cielo era el de una compañera de escuela. Me enfrenté al vil Rurico de Cálix (con la cara del novio de mi compañera), y Alberto, amigo de Serafín, era mi compañero Manuel. La magia del escritor me hizo ver aquella película en la que solo yo podía ser el héroe.