Andrea Buccioni | Hace 8 años“Cuanto más se les imponga pasividad, tanto más ingenuamente tenderán a adaptarse al mundo en lugar de transformarlo”, escribió Paulo Freire en Pedagogía del oprimido. Ya ha pasado casi medio siglo de aquella afirmación: podríamos asegurar que este presagio continúa siendo una triste realidad en la región.
Hace 8 añosLa alteración de datos del SIPE por parte de empleadores y funcionarios inescrupulosos, con el propósito de evadir el pago de las cuotas obrero-patronales, y la venta de carnés falsos para facilitar trámites migratorios, reclaman la atención ciudadana. Por un lado está el desfalco de cientos de millones de dólares de la Caja de Seguro Social, una institución cuyas finanzas han empezado a acusar fragilidad. Se trata de un organismo social altamente sensitivo para la población, como lo demuestra todo lo ocurrido en Nicaragua. Por otro lado, son señales inequívocas de que la corrupción ha hecho metástasis a lo interno de esta. Es evidente que Juan Carlos Varela nunca ha tenido la voluntad política para enfrentar los problemas de la CSS, mucho menos solucionarlos. En cuatro años de gobierno, ni siquiera ha exigido la presentación de sus estados financieros ni tampoco los estudios actuariales que nos dirían cómo está la salud financiera de la institución a futuro. Pero las recientes denuncias ya no le permiten seguir mirando hacia otro lado. Hacer un diagnóstico de la situación es lo menos que este gobierno le debe a los asegurados.
Hace 8 añosNicaragua se vuelve a enfrentar con los viejos demonios de la corrupción, el autoritarismo y el desgobierno. Al menos 28 ciudadanos nicaragüenses, en su mayoría civiles, han muerto en la represión brutal y sanguinaria del gobierno sandinista. Quienes hoy luchan por recuperar su democracia están hastiados de los abusos de la pareja presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes gobiernan –como si fueran monarcas absolutos y dueños de la libertad– las vidas y los sueñ̃os de los nicaragüenses. Esta nación centroamericana está́ ya cansada de la robadera por parte del Gobierno, de los altos impuestos, de los aumentos de tarifas de los servicios básicos, de la inconstitucional reelección de los Ortega y, sobre todo, de la incertidumbre cotidiana que existe en su sociedad. Nicaragua es hoy un ejemplo de cómo el proceso de acumulación de reclamos sociales termina por desbordar el orden político cuando los regentes no escuchan y no atienden los clamores de su pueblo. Una solución con los Ortega al mando de la precaria administración sería tan solo un vendaje transitorio al problema de fondo. Tanto ellos, como quienes los rodean, son la representación más clara del problema institucional que enfrenta el país.