Evangelina Batista de CortezHace 4 mesesLa construcción del Ferrocarril de Panamá no solo movilizó rieles y trabajadores: también dependió de provisiones, vendedores, cocineras y alimentos que hicieron posible la vida diaria en una de las obras más difíciles del siglo XIX.
Pedro Joaquín ChamorroHace 4 mesesTras recibir unos $5,000 millones en cooperación venezolana, el régimen Ortega-Murillo se limitó a un mensaje de solidaridad y no envió rescatistas tras los terremotos que devastaron Venezuela.
Hace 4 mesesPanamá cuenta con una población penitenciaria muy por encima de los niveles porcentuales de las cárceles centroamericanas y de otros países. Pero este gobierno se apresta a construir más, incluida una de alta seguridad. Son edificaciones de centenares de millones de dólares, pero lo destinado a la prevención es ínfimo, casi inexistente. ¿Será suficiente disuasivo contar con más celdas para evitar que crezca la criminalidad o son una excusa para tapar la evidente incompetencia de esta administración en materia de seguridad ciudadana? ¿Cómo pretende que las cárceles desanimen a quienes son empujados a la delincuencia por la falta de empleo y oportunidades que este mismo Gobierno prometió al país?
Vista aérea de la Ciudad de Panamá, Coco del Mar. 18 de febrero de 2025. Foto: Alexander Arosemena
Pedro Ernesto VargasHace 4 mesesLa tragedia en Venezuela invita a reflexionar sobre la solidaridad, el respeto por la naturaleza y la responsabilidad de construir sociedades capaces de responder con dignidad ante el desastre.
Los invernaderos de alta tecnología neerlandeses permiten producir hasta cinco veces más tomates que un invernadero común. / Wageningen University & Research
Hace 4 mesesPanamá se acerca a ser un Estado fallido, sin institucionalidad, sin partidos políticos independientes o de oposición, controlados por una turba de títeres que están a las órdenes de quien se comporta más como emperador que como un presidente que debe su administración al voto popular, con la obligación de rendir cuentas. Ahora el Órgano Legislativo está bajo el control de un oficialismo de dudosa actuación, con un pasado con características más parecidas a bandas organizadas que a un gobierno. Nuestra democracia está secuestrada y es doloroso reconocer que es culpa de nuestra propia ignorancia, de la falta de malicia política y del más elemental sentido común. El presidente enarbolaba la bandera de la seguridad ciudadana como uno de sus nuevos pilares de trabajo diciendo que pedirá el endurecimiento de penas, mientras la diputada que estaba detrás de él —recién sentada en la presidencia de la Asamblea Nacional— aplaudía, recordando su papel como defensora de criminales y homicidas, haciendo lo posible para que sus clientes permanezcan el menor tiempo posible en prisión o sacándolos de la cárcel. Pareciera que nadie reconoce el evidente conflicto de interés que supone hacer leyes contra la delincuencia y luego, tras participar en su creación, defenderlos de estas.