Redacción de La PrensaHace 1 añoTras dos meses de caos, Bocas del Toro intenta levantarse sobre las cenizas del vandalismo, la represión y la desesperanza. La provincia perdió su mayor fuente de empleo, el turismo quedó devastado, el comercio destruido, y productos esenciales —como el banano y el cacao— no pudieron exportarse. Se suspendieron garantías constitucionales por diez días, las comunicaciones fueron bloqueadas, y los líderes del sindicato bananero terminaron detenidos.
Ahora, 64 personas enfrentan detención preventiva por actos vandálicos. Pero lo más doloroso es constatar que los verdaderos responsables siguen intactos. Los caciques políticos que dominan la zona como señores feudales, y los grupos criminales que financiaron y promovieron la violencia, no han sido tocados. Ni una acusación. Ni una audiencia.
Mientras la justicia solo alcance a los peones y no a quienes siembran el conflicto desde las alturas, Bocas seguirá atrapada en un ciclo perverso de pobreza, manipulación y violencia. Urge una investigación profunda que llegue hasta los verdaderos autores intelectuales. Y si la justicia no los alcanza, que lo hagan los votos. Bocas merece otra historia.
Amador GoodridgeHace 1 añoPrevenir enfermedades infecciosas como la tuberculosis es una tarea compleja, que va mucho más allá del diagnóstico oportuno o del acceso a tratamientos eficaces.
Redacción de La PrensaHace 1 añoLa huelga es un derecho humano, sí. Pero usarla como arma política, afectando a los únicos inocentes en esta historia —los estudiantes— es inaceptable. Ya basta de convertir a nuestros niños y jóvenes en rehenes de luchas que nada tienen que ver con su aprendizaje.
En los últimos años, los estudiantes han perdido casi 500 días de clase. Esa cifra habla por sí sola. ¿Quién les devolverá ese tiempo? ¿Quién les repondrá las oportunidades que perdieron por no recibir a tiempo las herramientas para desarrollarse?
Los maestros y profesores son clave en el proceso educativo, pero muchos han perdido el rumbo. Defender los derechos laborales no puede hacerse a costa del derecho superior a la educación.
La ministra de Educación ha sido firme: quien no trabaja, no cobra. Y tiene razón. Así funciona para todos los que trabajamos en el sector privado.
Es hora de repensar el rol de los gremios docentes. La huelga dejó de ser un instrumento de dignidad para convertirse en castigo colectivo.
Bolívar Márquez CampodónicoHace 1 añoLa soberanía, en su más pura expresión, trasciende la mera exhibición de banderas, la presencia de bases militares o la diversidad de idiomas.