Hace 2 añosApenas cuatro meses en el cargo, el Alcalde de Panamá ha solicitado la renuncia de su secretario general y de los directores nombrados por él. Sin embargo, la ciudadanía recibe nuevamente el mismo discurso vacío de “cambio de rumbo” y “diferencias de opinión”. Lo que no se aclara es la verdadera razón de esta decisión, mientras los problemas del municipio siguen acumulándose. Nos encontramos con un municipio carente de dirección, con graves problemas de infraestructura, presupuesto y administración. Parece que el Alcalde se centra más en obtener “likes” en Instagram que en enfrentar los desafíos que realmente afectan a los panameños. Venimos de una administración desastrosa que desarticuló lo poco que funcionaba y dejó la ciudad sin una sola obra significativa en cinco años. Señor Alcalde, los ciudadanos necesitamos un municipio efectivo que enfrente los problemas de la ciudad capital y mejore nuestra calidad de vida. Usted tiene la inteligencia para formar un equipo capaz de responder a las necesidades de Panamá. Aproveche sus capacidades y canalícelas hacia soluciones concretas, dejando las fotos para después. La ciudad de Panamá requiere un liderazgo real y comprometido, no uno de redes sociales.
José Raúl Mulino, presidente de la República de Panamá, durante la conferencia semanal de este 24 de octubre.
Rolando Rodríguez B.Hace 2 añosLa primera promesa que no puede cumplir el Gobierno es lo del “chen chen”. No sé por qué muchos creen que las promesas del presidente pueden ser mágicas.
Hace 2 añosEl reciente nombramiento del hermano del presidente José Raúl Mulino como embajador en Portugal ha vuelto a poner sobre la mesa ese oscuro y familiar fantasma del nepotismo, que en Panamá nunca termina de irse. Como si estuviera escrito en un código secreto del poder, cada gobierno parece tener la tentación de perpetuarlo. La ciudadanía critica con indignación los nombramientos de los parientes de la rectora de la Unachi, y no hace tanto, se cuestionaba con igual fuerza al ministro de la Presidencia de Juan Carlos Varela por designar a su sobrino y al ministro de Gobierno por premiar con un cargo a su cuñada. En aquellos días, se proclamaba que el nepotismo era un mal que había que extirpar de la función pública. Mulino no puede, por un lado, criticar los nombramientos de parientes de la rectora de la Unachi y, por el otro, justificar los suyos bajo el argumento de la confianza personal, como si fuera suficiente para lo injustificable. No solo ha elevado a su hermano a la embajada, sino también a su cuñado y al sobrino del Ministro de Relaciones Exteriores. Estas designaciones no son meras decisiones administrativas, sino gestos que riñen de frente con el Código Uniforme de Ética de los Servidores Públicos, que implora, sin ser escuchado, que el mérito y la capacidad prevalezcan sobre la sangre y el apellido. Sin embargo, siempre se puede corregir. Mulino tiene ante sí la oportunidad de demostrar que su palabra contra la corrupción no son solo frases vacías. Rectificar sería enviar un mensaje claro y coherente, y alinear su discurso con la transparencia que tanto ha prometido.