Hace 2 añosLa reciente derogación de tres resoluciones en menos de 24 horas por parte del presidente no solo envía un mensaje sobre la necesidad de transparencia, sino también sobre la disposición a corregir errores rápidamente. Esta acción firme y decidida es un gesto positivo que busca proteger el interés público. Sin embargo, la velocidad de la corrección también pone en entredicho la capacidad de los tres ministros involucrados, quienes deben rendir cuentas sobre cómo se gestaron estas decisiones al mismo tiempo. Es a los ministros a quienes corresponde brindar una explicación clara y transparente. La ciudadanía merece saber qué criterios fueron utilizados para emitir resoluciones que, al poco tiempo, resultaron ser contrarias al compromiso de transparencia del gobierno. Aunque la pronta reacción del presidente es digna de reconocimiento, es fundamental que los responsables directos de estos desaciertos expliquen cómo se llegó a tal situación y qué medidas se tomarán para evitar que episodios similares se repitan. La confianza pública depende, no solo de corregir, sino de prevenir.
Daniel R. PichelHace 2 añosHabía mucha expectativa por el debate entre Donald Trump y Kamala Harris. Después de la salida de Joe Biden de la candidatura demócrata, la campaña de la vicepresidenta se fue dando a tumbos, pues no había pasado por primarias ni presentado planes a los electores siguiendo la rutina tradicional.
Adolfo J. Campos BarrancoHace 2 añosLa Ley 76/1976 (modificada por la Ley 256/2021) establece en su artículo 11, parágrafo 3, la clasificación de las infracciones o contravenciones formales relacionadas con la obligación de emitir y exigir las facturas o documentos equivalentes.
Juan B. McKay A.Hace 2 añosEl libertador Simón Bolívar, entre estudios y batallas, podría ser considerado un ciudadano de América y del mundo, por decir lo menos.
Amarilis A. Montero G.Hace 2 añosRecuerdo mis primeros escritos como pinceladas poéticas de una niña de 11 años que buscaba significado en las palabras.
Hace 2 añosLos expresidentes de los pasados cuatro gobiernos salieron a defenderse de las declaraciones del gobernante actual, quien, en resumen, dijo que no hicieron lo necesario para resolver los problemas que enfrenta hoy la Caja de Seguro Social (CSS). Las razones fueron varias, desde una economía fuerte hasta empleos en aumento. Pero lo cierto es que estos expresidentes sabían que las reformas a la CSS que se hicieron en la administración 2004-2009 eran para salir del problema inmediato y desde entonces se advirtió que se necesitaba una reforma profunda que diera con la solución definitiva. Y, a pesar de las advertencias reiterativas sobre los problemas venideros, de estudios que develaban una realidad dantesca sobre las finanzas del Programa Invalidez, Vejez y Muerte –que ya se está concretando– nada se hizo. No se movió un dedo para hacer los cambios que hoy urgen. De hecho, asesores de la pasada administración presidencial admitieron que carecían de capital político para esas reformas. Entonces, salir ahora a justificar la evidente negligencia con la que manejaron el problema de la CSS es inoportuno y sus justificaciones son una pérdida de tiempo. Nada cambiará el hecho de que se cruzaron de brazos mientras veían agonizar la institución.